INCÓGNITAS DE AÑO NUEVO

Estamos en tiempos de cambio: en el país –con unas elecciones generales a menos de dos meses– y en el toreo, donde la ilusión generada por una nueva hornada de toreros y el desgaste de las llamadas figuras, dada la longevidad de sus respectivas trayectorias profesionales, apunta a una ineludible renovación. Además, la persistencia y enconamiento del acoso a la Fiesta por los diferentes grupos animalistas mercenarios del denominado “lobby antitaurino”, que los financia desde Holanda, Suiza, EE.UU. y Gran Bretaña, y la posición de los nuevos ayuntamientos “progresistas”, que han llegado con el mazo de la censura dándole a la fiesta de los toros allí donde puede dolerle, hacen inexcusable e inaplazable la organización de los estamentos taurinos en torno a este tema y la creación de una asesoría jurídica que, manejando adecuadamente la legalidad que nos asiste, aborte cualquier intento de cacicada interponiendo los contenciosos y querellas necesarios para que no sigan tomándonos por el pito de un sereno.

Esta es la primera incógnita a resolver. ¿Lo haremos de verdad o volveremos a convocar reuniones inútiles como la del pasado año en la Venta de Antequera? Habrá que hacer los esfuerzos y las cesiones necesarias por parte de quienes corresponda, porque la cosa es ahora o nunca, incluso ya va siendo demasiado tarde.

La segunda atañe a la tan cacareada “renovación”; porque hacerla de veras implica un cambio profundo en el sistema actual de contratación de los toreros y eso pasa por un cambio de perspectiva que atienda más a los intereses del público y a los méritos de los espadas en el ruedo; un cambio que hiciera inviable agravios comparativos como el que nos muestra el escalafón de esta temporada con Morenito de Aranda –que abrió la Puerta Grande de Madrid y cortó otra oreja en San Isidro– y Francisco Rivera –que ni pisó Madrid ni cortó una sola oreja en plazas de categoría– empatados a 18 corridas; un cambio que abra carteles y ganaderías y dé paso a los Roca Rey, Garrido, Ginés Marín, Álvaro Lorenzo entre otros de los que están llamando fuerte a la aldaba del escalafón superior. El toreo está necesitadísimo de aire fresco y nuevo, de alamares con ambición, de corazones jóvenes con ansias de aventura y ganas de comerse el mundo… y los toros.

También considero como incógnitas, esperanzadoras y atractivas, comprobar si López Simón firma su consagración la próxima temporada, pues para su futuro se presenta como una campaña clave en su carrera, y si Paco Ureña sigue por la senda trazada por su memorable faena al toro de Adolfo Martín en la pasada Feria de Otoño y se encarama a los puestos cimeros del escalafón, ya que pureza y calidad torera tiene para ello, aunque no sé si carácter.

¿Volverán las figuras a Sevilla? He aquí otra pregunta que el tiempo ha de encargarse de despejar. ¿Hará José Tomás temporada española?… ¡Quién lo sabe! Como tampoco sabe nadie a estas alturas, aunque parece que hay esperanzadoras expectativas, si el año próximo David Mora volverá a realizar su sueño de enfundar su afición en un traje de luces. Si que lo harán –deseémosles la mejor de las suertes– Antonio Ferrera, Jiménez Fortes y Miguel Ángel Perera, que han pagado en sus carnes el más duro tributo de sangre que el dios Toro exige para que la Fiesta siga manteniendo su verdad y prestigio.

Este invierno, los taurinos deben mover ficha y preparar las barricadas para la lucha que se avecina. Y cuando suene el clarín, sean el hombre de luces y el toro de lidia los protagonistas que den realce y enjundia al rito más auténtico y noble que hoy nos queda en Europa.

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