SOLO PARA AFICIONADOS

México corrida del 29 noviembre 2015. Cuando los toros, correctamente presentados, son nobles pero no tienen una embestida suficiente,la observación de la técnica torera se impone a la brillantez del toreo. Entonces, el aficionado se interesa en la corrida, pero el espectador se aburre: ni percibe un peligro evidente, ni aparece el arte.

La corrida de Barralva -encaste Saltillo-, que cumplió en varas, sólo presentó un toro aceptable, el primero, desaprovechado por Pizarro, quien acopló sus claras embestidas de manera intermitente. Con su segundo, deslucido, se resignó. Y, claro, la gente se decepcionó. El resto de los toros tuvo un comportamiento insuficiente, tal vez por su mermado vigor, quizá por su falta de raza. Al aficionado le satisfizo la maestría de Urdiales, que a veces prolongó las embestidas de su primero y se impuso con soberbio dominio a su segundo, lo que no bastó para que el espectador se emocionara. Únicamente El Payo rompió los esquemas del ganado. Puso al toreo la emoción que no provocaban sus toros. Hasta las dos espectaculares volteretas que sufrió no se las dieron sus enemigos sino que él las provocó por una excesiva, quizá improcedente entrega. Como quiera que fuese arrancó una oreja a cada uno de los toros. Emocionó a los espectadores y se ganó el respeto de la afición. ¿Salvó la corrida? Puede ser.

El problema de la fiesta en México es el toro, noble siempre, pero de justísimas fuerzas y nula raza. Por eso va tan poca gente a la plaza. Hay que ser un virtuoso del toreo para que la lidia funcione. No sé si tiene razón el aficionado impenitente, adicto al rito taurino dominical, o el espectador llano, que se queda en casa.

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