MORANTE HACE Y DICE EL TOREO EN LA PLAZA MEXICO

Nada de chispa, desgarro, magia; aunque también. Morante hizo y dijo el toreo. Es decir, que ejecutaba las suertes del toreo con verdad, hondura y geométrica perfección. Hacía el toreo, cumplía sus reglas más exigentes, y lo decía, las cantaba, se regodeaba en su dicción. ¿Cómo? Con sevillana profundidad, con lentitud: las manos bajas o altas, según convenía; los pies clavados en la arena, siempre; embarcando al toro por delante, la muleta presentada con verdad y el capote con sabiduría; presentando el medio pecho, la barbilla clavada hundida, la cintura cimbreada al compás de la embestida, el engaño mecido y las muñecas rotas.

Un milagro de armonía, el toreo hecho arte, la excepción a la regla. Y también toreo al paso, en busca del terreno que convenía al toro, y pellizco en los remates, cuando el toro apretaba, o desmayo, cuando frenaba su embestida. Un prodigio sus chicuelinas, sujetando las embestidas con la mano de adentro porque el toreo se quería ir. Un prodigio sus redondos, arquitectónicos.

Un prodigio sus naturales, purísimos. Un prodigio sus pases de pecho, largos, rematados hacia adentro, o cortos, sostenidos con la muñeca, pellizcados, cuando la embestida se iba a interrumpir. Hizo una buena faena a su primero, pero pinchó. Y una gran faena a su segundo, a tramos de renovado y denso contenido, rematada con una estocada defectuosa. No importó, como no importaba cuando Antonio Bienvenida o Curro Romero cuajaban un toro. Dos orejas y el delirio en la plaza.

Otras dos pudo cortar El Payo, una en cada toro. Pero mató mal. Me gustó su toreo de calidad. Fantástico con la capa en su segundo y muy bien, valeroso e inteligente con la muleta en su primero. Dos toros incómodos, con mucho que torear. Y me disgustó Fermín Espinosa “Armillita” con dos oponentes deslucidos, el primero de trapío impresentable y el segundo de dislocadas embestidas. Concibe el toreo por las afueras y tiene la inmadurez del novillero sin hacer.

Los toros de Teófilo Gómez, mansos, nobles, sin fuerza y poca raza. Con semejante ganado, ni toreros como Morante son capaces de llevar gente a la plaza.

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