SEVILLA EN LOS MENTIDEROS

Crecen los días, avanza el calendario y se aproximan las fechas de las primeras ferias, entre ellas la de Sevilla, este año tempranera, con el Domingo de Resurrección metido en marzo y los días de farolillos flanqueando el ecuador de abril.

A medida que enfilamos febrero, brotan los comentarios en las tertulias y mentideros. La terna de la inauguración de la temporada ya está hecha: Morante, Manzanares y Talavante. Nada nuevo bajo el sol. Pero también se “sabe” que Jiménez Fortes y Eugenio de Mora colgarán su nombre en los carteles feriales. Se habla también de cinco tardes en la temporada para Morante, de cuatro para Manzanares, de tres para Talavante. El Juli, al parecer, también estará, aunque no sabemos en cuantas ocasiones y, de los que en su día plantaron a la empresa Pagés, sólo Miguel Ángel Perera sigue siendo una incógnita, por no decir que las quinielas del toreo apuntan a que no estará, porque no querrá ir.

Se supone, aunque sólo es un suponer, que también figurarán López Simón y Roca Rey; éste último con más veras, no sólo por su arrolladora campaña americana, sino porque la Empresa, o sea Ramón Valencia, comparte su apoderamiento con José Antonio Campuzano. Igualmente imagino que José Garrido ha hecho méritos suficientes para estar incluido en el elenco; como Diego Urdiales, otro de las novedades que este año deberían estar y a buen seguro incluirán su nombre en el ciclo.

Sin embargo, en esta pretendida época de renovación, cuando los nombres tan gastados a fuerza de repetidos necesitan del soplo fresco de la nueva savia si queremos que esto tome de nuevo aire, ocurre que las cosas no apuntan adonde deberían. Respetemos, si es del gusto de Sevilla, el cartel de Resurrección. Contando con él: tres tardes para Morante, dos para Manzanares y otras tantas para Talavante están más que sobradas. Si así fuera, habría cinco puestos más para los que llegan con ganas de abrirse paso, y no como “oportunidad”, sino como pago de justicia a los méritos adquiridos.

Antes, cuando no había “más cera que la que arde”, aceptábamos la monotonía reiterativa de los carteles porque era lo que había. Ahora, cuando estamos ilusionados con una nueva hornada de toreros que viene a revitalizar esta fiesta enferma de vejez y atonía, seguimos igual, cargando la tinta en los de siempre o abundando en los manos a mano, que restan posibilidades a los que están ahí reivindicando cobrar en carteles lo ganado honestamente en el ruedo y ante el toro.

Esos son los que necesita el toreo, no a Cayetano ni a Rivera ni al resto de mediáticos, todos con la fecha de caducidad superada y sin tener nada nuevo que aportar a la Fiesta. Y no me digan que el cambio entraña riesgo, porque el riesgo está metido en la epidermis del toreo, y el empresario –los empresarios– también tienen que apostar por los nuevos valores. Y para hacerlo con más seguridad tienen que seguir la evolución de los toreros y ver cuáles pueden dar la campanada. Les puedo asegurar que, hoy por hoy, los hay que van a darla y gorda, muy gorda. Si los ponen, claro.

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