CORRIDA EN LA PLAZA MÉXICO – 14 FEBRERO 2016

Expectación de los aficionados, ausencia de público. Confirmaba la alternativa el peruano Roca Rey, un diestro que arrolló de novillero en las principales plazas de España, que tomó una alternativa triunfal en Nîmes y que, como matador, ha conquistado este invierno todos los países taurinos de América. Lógicamente, la afición capitalina lo esperaba expectante. Aunque sólo los aficionados.

El resto, los espectadores que llenan los cosos, los que únicamente van a los toros bajo el reclamo de toreros famosos, no sabían quién era y se quedaron en casa. Es comprensible, tampoco en México los medios audiovisuales informan de toros y los periódicos (algunos) lo hacen muy fragmentariamente. En la deserción de la prensa radica el primer mal de la Fiesta. Por eso, la novedad que antaño era un incentivo para el público, hoy es una rémora.

Pero la Plaza de Insurgentes tiene muchos aficionados: el domingo pasado había unos doce mil. Y se alegraron de ir a los toros. Primero, porque la corrida de Barralva, de origen Atanasio Fernández, tuvo trapío, amplias defensas, mucha movilidad y generalizada nobleza. Embistieron los buenos (1º, 2º, 3º y 5º) y se movieron los malos (4º y 6º); todos contrastaron con las dormidas embestidas, aparentemente inofensivas y evidentemente aburridas, del actual toro mexicano. Segundo, porque Roca Rey, en su primero toreó bien de capa e hizo una faena sólida, vibrante, bien construída, muy por encima del noble toro, pero rematada con una estocada baja que le privó de la oreja. Y tercero, porque Sergio Flores tuvo una buena tarde. Hizo dos faenas valerosas, esforzadas, un poco amontonadas, con buenas fases de muletazos, sobre todo con la mano derecha, y aunque mató abajo a su primero y de pinchazo y estocada al bravo quinto, le dieron una oreja de cada toro.

La actuación de Arturo Macías careció de interés, pues cuando los toros no le embisten bien, el trazo de sus pases le sale muy desmañado. Aburrió a la afición. Pero ésta tuvo otros motivos de diversión. Por ejemplo, la retirada de un monosabio (¿) provocó una vuelta al ruedo interminable, la más larga de la historia, entre las ovaciones de casi todos y la perplejidad alborozada de algunos. Y por ejemplo, por la solicitud de un toro de regalo, a cargo de Roca Rey, que, tardíamente, le denegó el juez de plaza, entre los pitos del público y las protestas del empresario de la plaza. O sea, mexicanadas.

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