CORRIDA LARGA, RESEÑA CORTA

MEXICO 21 FEBRERO. La corrida duró cuatro horas. Tela. Pablo Hermoso de Mendoza cortó dos orejas y un rabo. Enrique Ponce, una; pero debieron ser dos.Fermín Rivera, una. Y El Payo hizo una buena faena. O sea, que pasaron muchas cosas.

Pero yo me aburrí. De ocho toros, sólo dos imponían respeto: por bravos. Uno, de Los Encinos, correspondió a Pablo, y le hizo una faena vibrante y efectista, premiada con un rabo porque el navarro toreó más al público que al toro. El otro, de Teófilo Gómez, fue para El Payo, que estuvo francamente bien hasta que afectado por una dolencia estomacal se vio obligado a cortar la lidia. Me gustó mucho este torero. Así como Fermín Rivera, torero de mucho temple que, pienso, lucirá más con el toro español. Hizo lo más cabal de la tarde. Dejo para el final a Ponce, pues con tres toros muy deslucidos dio una gran tarde de toros. Al octavo, en el que sustituyó a El Payo, debió cortar dos orejas,y en los otros, una en cada toro.

¿Por qué me aburrí? Porque estoy harto de toros dulces, bovalicones, parados, pegados al suelo como estatuas y que, cuando embisten no embisten: pasan dócilmente, con talante inofensivo. Un asco. Por mucho que pongan los toreros de su parte, tan poca emoción saca de quicio. El problema de la fiesta en México no son los toreros, tampoco los aficionados. El problema es el toro... o lo que sea ese bicho que sale al ruedo.

Comments are closed