FERIA DE VALDEMORILLO : UN “SANTACOLOMA” BRAVO Y CINCO MANSOS

Aunque lo que hoy llamamos “santacoloma” es, en realidad, “saltillo”, pues salvo lo proveniente de “Ibarra” -o sea, los santacolomas de Rosa Gonzalez y los de Graciliano Pérez-Tabernero-, todo lo que viene de Joaquín Buendía se basó en una primera camada de vacas ibarreñas padreadas por sementales de Saltillo, luego en una segunda camada de vacas ibarreñas y saltillas al cincuenta por ciento, y así sucesivamente hasta que lo “saltillo” absorvió lo de “ibarra”. En los años cincuenta del pasado siglo, los “buendías” predominaban más que los “gracilianos”.

Eran igualmente bravas las dos líneas, pero -al menos así lo recuerdo- lo de Buendía galopaba más y a lo de Gracialiano había que poderlo más. Las mejores faenas a los “buendías” se las vi a Antoñete y a Paco Camino, y la última gran faena a un “graciliano”, con el hierro de Dionisio Rodríguez, se la vi al Niño de la Capea.

Los toros de Ana Romero que se lidiaron en Valdemorillo eran, sobre el papel, puro “buendía”. Sólo uno, el cuarto, hizo honor a su estirpe. Con una rara capa, berrendo en cárdeno, galopó con la alegría de los antiguos “buendías”. Le faltó una vara más para que su picante se hubiera equiparado a su nobleza y su matador, Borja Jiménez, se habría recreado más al torearlo. Pero dio el gran espectáculo de la bravura, tanto que se vio más embestir al toro que torear al torero. Éste cortó una merecida oreja.

El resto del lote fueron cinco toros sin casta y sin bravura. No bastó que fueran cárdenos para atestiguar su estirpe. Ni siquiera la recordaron por sus hechuras. Algo más altos y menos cerrados de cuerna, eran también más redondos que finos. Por dentro, peor: una sola vara los disuadía de seguir embistiendo. A partir de ahí, pasaban con nobleza -salvo el quinto, muy avisado-, pero no embestían, no querían coger el engaño y salían distraídos de las suertes. Eran toros de faena corta y de aliño. Pero los toreros, Lama de Góngora y Francisco Espada, voluntariosos y valientes, les hicieron larguísimas faenas. Un latazo.

Conclusiones: cuando los ganaderos de "santacoloma" buscan la nobleza se encuentran con la mansedumbre. Cuando preservan su casta no encuentran toreros que quieran torearlos. Y cuando el público los reclama, no se sabe muy bien por qué. Triste.

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