NOVILLEROS FORMIDABLES, PERO PESADOS Y PESIMOS MATADORES

VISTALEGRE 20 FEBRERO. Me encantó Ginés Marín. Si le respeta el toro, será figura del toreo. Tiene un trazo privilegiado, hondura y pellizco: con el capote y la muleta. Y también tiene un defecto: cuando ha terminado su faena, hace otra faena. Y cansa. Y hasta le pitan. No se pueden hacer quince desplantes seguidos entre los pitones. Pero me encantó. Consejo: un torero tan bueno no puede prodigarse hasta el hastío.

Otro tanto le sucedió a Álvaro Lorenzo, también excelente capotero y muletero, autor de faenas espléndidas e innecesaria y absurdamente alargadas. Más prudente fue Varea, porque sus novillos se pararon antes. También es un buen torero.

No sólo la calidad une a los tres. También les identifica que son pésimos matadores. Y no porque los toros pasados de faena ayuden menos en la última suerte, sino porque la hacen rematadamente mal. Algo sorprendente en toreros tan diestros. Estarán listos para la alternativa el día que sepan matar.

La nobleza excesiva, ovejuna, de los utreros de Daniel Ruíz – ausencia de peligro aparente, ingenua bravura, poca fuerza y peligrosa falta de casta- demeritó las virtudes y magnificó los defectos de los novilleros. Que tomen nota sus apoderados.

En la plaza hubo poca gente. Solo profesionales y aficionados. El público no conoce a los jóvenes valores. ¿Por qué? Para los medios informativos, ya no existe la fiesta de toros. A mitad de corrida, saltaron tres o cuatro antitaurinos e hicieron el gilipollas. La gente les pitó.

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