APOTEOSIS DE ROCA REY Y GRAN TARDE DE TALAVANTE

Valencia, 17 de marzo. El toreo evoluciona. Tras la revolución de Ojeda, que se apoderó definitivamente del terreno del toro, vinieron nuevos espadas que, ojedizados, profundizaron su toreo cambiado por los dos pitones y lo aplicaron a la recuperación de nuevas suertes, con la capa y la muleta. Talavante fue uno de ellos y precisamente hoy se enfrentaba mano a mano con Roca Rey. Fue absurdo que no le pidieran con fuerza la oreja de su primer toro. Había estado superior y el astado no era una pera en dulce. Muy seria su actuación con su segundo oponente y con su tercero rayó a gran altura, con temple, serenidad, mando y toreo caro en las suertes fundamentales. Además era un toro peligroso, de embestidas broncas y secas. Le dieron una oreja que debieran haber sido dos para compensar la que le habían negado con el que abrió plaza. Se mereció la puerta grande.

Roca Rey estuvo enorme toda la tarde. Se le ve ya inmerso en esa tauromaquia en la que el torero se funde con la embestida y la liga, sin moverse, por uno y otro pitón. Estuvo colosal siempre, pero su segunda faena fue de una intensidad y una hondura impresionantes. Fue tan inverosímil que parecía irreal, milagrosa. A base de aguante logró que un toro manso, pero entero, se imantara a la muleta con una emoción indescriptible. Le dieron dos orejas aunque merecía también el rabo. Este torero va a poner la temporada al rojo vivo.

Los dos espadas compitieron en quites, impresionantes los de Roca Rey y excelsas las verónicas de Talavante al sexto.

La corrida de Victoriano del Río, bien presentada y con poder, fue mansa, bronca, y si no manifestó el genio que llevaba dentro se debió al valor y la maestría de los dos toreros. Eso sí, tuvo la virtud de romper el mito del toro torista. Estos de hoy, que algunos tildan de comerciales porque suelen embestir, sí eran toros toristas, eran el toro-toro más allá de la bravura que llevaran dentro.

En la brega y en banderillas destacó Iván García. Pero en esta tarde triunfal hubo que lamentar la cogida de un gran sulbalterno, Santi Acevedo, empujado por la pala del pitón al salir de un par de banderillas. Lo derribó y en la arena el mansurrón se cebó con él y le infirió una cogida grande en el glúteo. Le deseo una rápida recuperación.

Comments are closed