EL RETORNO DE LA ESTATUA

Confirmado. Después de veinte meses de no hacerlo, José Tomás volverá a pisar ruedos españoles. Lo hará el próximo 7 de mayo en la última corrida de la Feria del Caballo, de Jerez de la Frontera. Será el “decíamos ayer…” desde que efectuara su último paseíllo en España –triunfo de tres orejas–, en La Malagueta, el 23 de agosto de 2014.

Al parecer –y esto sólo es rumor–, viene con la idea de torear seis o siete corridas de toros, de las que, además de la citada, se especula con otra en la feria de Córdoba y una tercera en Santander. Del resto, ni se sabe.

De confirmarse estos datos, José Tomás doblaría, al menos, su última campaña por estas tierras, ya que en la de 2014 –después de veintidós meses de no enfundarse el vestido de luces en la Península a causa de una lesión en un pie que lo tuvo en dique seco durante todo el 2013–, sólo toreó tres tardes, en Granada, León y Málaga, respectivamente. El mismo número que contabilizara en 2012, incluyendo, además de los éxitos de Badajoz y Huelva, el incontestable y memorable triunfo de su encerrona en Nimes.

Ahora parece que quiere más. Decisión a mi juicio acertada por cuanto estimo insuficiente el entrenamiento de matar toros en el campo, por muy concienzudo que sea, y me consta que en José Tomás lo es, para “cogerle el sitio” a la plaza y al público, lo que repercute en el “sitio” que se tiene ante el toro. De sus últimas incursiones españolas, le vi dos: la de Granada, que fue la primera, y la de Málaga, que fue la última. Bueno, pues habiendo pasado tan sólo la corrida de León entre ellas, la falta de sitio que le observé en algunos momentos en Granada, había desaparecido por completo en Málaga. Por mucho que el toreo se tenga en la cabeza, por más que física y mentalmente se encuentre preparado y con el entrenamiento preciso, jugárselo todo a una sola carta no permite expresar el toreo que se lleva dentro. Hace falta un mínimo rodaje para que todas las piezas vuelvan a encajar y a que el torero vuelva a pisar la arena con la debida familiaridad.

Unidos a este cambio de actitud, mueven mi curiosidad otros dos que no me han pasado desapercibidos. Uno es la vuelta con su antepenúltimo apoderado, Salvador Boix, de la cual me congratulo, porque por muy autosuficiente que se sea, por más que el mando de la Fiesta esté en sus manos, un torero de la talla de José Tomás necesita del hombre adecuado para defender sus intereses. Eso de que un torero como La Estatua se lleva solo es un error fatal. Así que bienvenido también ese cambio. El otro es el del retorno a matar corridas de Núñez del Cuvillo, con quien rompió después de que el ganadero se excediera en sus atribuciones y hubiera que ponerlo en su sitio. El tiempo, que todo lo allana, parece haber devuelto las aguas a su cauce. Los “cuvillos” no son mejores ni peores, pero José Tomás los quería porque eran toros con los que tenía la oportunidad de que “pasara algo”. Si eso es lo que viene buscando José Tomás –“que pase algo”–, estamos de enhorabuena los aficionados, porque lo que suele acontecer con el diestro de Galapagar siempre suele rozar lo extraordinario.

Poco falta para que los hechos comiencen a demostrarlo.

Comments are closed