LA FUERZA, LA CASTA Y EL GENIO

Valencia, 15 de marzo. Cuando no hay fuerza (en el toro), la casta torna en genio. Veamos: los toros de Zalduendo eran bravos, galopaban, metían la cara en los engaños, iban al caballo con brío (en la 1ª y 2ª varas), se venían arriba en banderillas, pero llegaban a la muleta broncos, con limitadas y defectuosas embestidas provocadas por la falta de fuerza. De ahí que su bravura encastada se tornara en genio. O sea, embestían con aspereza, en tramos cortos, a veces a la defensiva. De nueve toros enviados por el ganadero se lidiaron cuatro. Una broma de los veterinarios, porque los nueve estaban muy igualados. Pero dos fueron sustituidos por tres toros de El Ventorrillo (uno se lastimó una mano apenas salió al ruedo), gordos, nobles y sin fuerza; y como no estaban encastados, en vez de defenderse se pararon.

Con semejante material, Juan del Álamo cortó dos orejas en los dos "zalduendos" que lidió, salió a hombros aunque no pudo lucir su toreo como cuando se lo hace al bravo con brío. Mató muy bien y salió a hombros. Joselito Adame fue cogido grave en una oleada final del toro cuando éste tenía una estocada en lo alto. Antes había toreado bien de capa y con la muleta. Por último, Iván Fandiño no tuvo su tarde. Ni por él ni por la suerte. Debió triunfar con su primero pero no lo hizo, y nada se podía hacer con los otros dos.

La tarde, gélida, nos deparó una corrida en el Ártico. Y además, a los toreros se los vio serios, responsabilizados y tristes. Un coñazo.

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