OLIVENZA 2016 : EL MAÑANA YA ESTÁ AQUÍ

Dos mañanas de toros en Olivenza. En ellas, tres certezas de que el mañana ya está llamando a la aldaba del toreo. El sábado, Ginés Marín pedía a gritos la alternativa que va a tomar el próximo mayo en Nimes, firmando una actuación en dos versiones que avalaba su incuestionable categoría de novillero puntero, preparado en fondo y forma para emprender empresas mayores.

Si bordó con total desahogo el toreo en su primer novillo, en el otro, brusco, cabeceador y queriéndosele quedar en el pecho y la barriga, sacó de su estuche de cualidades la casta y el conocimiento para, al final, hacerse con el complicado astado y dejarlo dominado y sumiso al imperio de su mandato y de su calidad torera. A partir de mayo, ya con la borla de doctor, vamos a verlo ante el toro como uno de los toreros de más clase que pisan hoy por hoy la arena de los redondeles.

La del domingo fue de órdago a la grande con los tres espadas a hombros y el ganadero triunfante con dos astados galardonados con la vuelta al ruedo. Pero vayamos por partes, porque no quiero caer en ese igualitarismo tan de moda que enfatiza el conjunto a costa de perder de vista las diferencias individuales que realmente existieron.

Yendo de menos a más, y pese a las tres orejas cortadas, Joselito Adame dio la impresión de torero mecánico y vulgar, con sobrada técnica que, sin embargo, no le valió para estar a la altura de su segundo toro, el único a mi juicio merecedor de la vuelta al ruedo. Mucho más sólido, capaz, hambriento de palmas y justicia, se mostró José Garrido. Cortó tres orejas de distinto calado a las del anterior, estuvo muy bien y muy por encima de sus dos toros y demostró que viene pidiendo paso de verdad y un mejor trato en los despachos. Tiene valor, quiere y puede, razones que brindan a sus alamares ese brillo de futuro que ya está llamando a la puerta. Enhorabuena.

A una distancia inconmensurable de los dos anteriores, se exhibió Roca Rey, sin duda el acontecimiento y asombro de la feria oliventina. Ya hace más de un año que venimos prediciendo que con este torero les iba a doler la cabeza a más de uno. Pues ya les está empezando a doler a todos. Su faena al primer toro de Olivenza, ejemplar de extraordinaria clase, pero sosito y flojo de remos, fue un cóctel perfecto de serenidad, ritmo, temple, valor y torería. Muñecas de seda y corazón de piedra mecieron su capote exuberante y largo como la cola de un cometa. Luego vinieron su muleta de gasa, pulso de terciopelo, toques de brisa, dejándose pasar los pitones a milímetros de los muslos con una pasmosa naturalidad y elegancia. Y por encima de todo, más allá de lo perfecto: su mano izquierda. El torero limeño se proclamó sin discusión alguna “Rey del pase natural”. A ver quién sueña el toreo con la zurda con la cadencia, la suavidad, el temple, la clase y el sentimiento con que lo hizo este muchacho de diecinueve añitos, que ha arrasado a su paso por América y que ha desembarcado en tierras españolas dispuesto a proclamarse figura máxima del toreo. Contrastado ya de sobra su valor, sorprendió la calidad de su toreo al natural. La embestida era dulce, acaramelada; pero qué difícil resulta estar a la altura de dicho modo de embestir para poder extraer del toro sus más profundas cualidades. Si a éste ejemplar le dieron la vuelta al ruedo, fue gracias al torero que tuvo delante. Y si a Roca Rey le concedieron con toda justicia las orejas y el rabo de la res, fue debido a la extraordinaria obra artística y torera que supo bordar su corazón enamorado.

Ginés Marín, José Garrido y Roca Rey… ¡el mañana ya está aquí!

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