MEJOR EL TOREO QUE EL TORO

Sevilla 2016. Feria de abril. El toro visto en Sevilla es una continuidad, por el momento, del visto en Valencia: unas embestidas bravas y suaves, interrumpidas por la falta de fuerza, por lo tanto difíciles de torear, y una raza en baja interrumpida por la excepción de unos pocos toros de bravura encastada. Con estos mimbres destacaron Alejandro Talavante -incluyo el domingo de Resurrección en la Feria-, Jiménez Fortes, Pepe Moral, Javier Jiménez, Miguel Abellán, Joselito Adame, Sebastián Castella, López Simón, Morante de la Puebla, El Juli, Miguel Ángel Perera, Enrique Ponce y Roca Rey. Es decir, que hubo buen toreo, en ocasiones muy buen toreo… y pocas orejas.

Pero a estas alturas, ¿importan las orejas? A mi, muy poco. Se diría que volvemos a los orígenes, cuando no se pedían ni, en consecuencia, se daban nunca. Por supuesto, su parquedad evidencia que no se mataron bien los toros. Pero también ha de señalarse que la suerte suprema siempre se hizo con entrega a toros siempre pasados de faena, de difícil cuadratura en la suerte y nula entrega final.  Para los que no vieron las corridas, momentáneamente la feria no toma vuelo, pero para los buenos aficionados, los que saben evaluar el toreo, la feria es excelente, con momentos de gran intensidad y belleza. Mi memoria todavía paladea el toreo de Morante, la valerosa maestría de El Juli, la torería de Ponce y, naturalmente, el arte banderillero y de brega de la cuadrilla de Perera, y los magníficos tercios de varas protagonizados por Barroso y Chocolate o por los hermanos Cruz, de las cuadrillas de Manzanares y Morante, respectivamente. Por cierto, la cuadra de Peña, sobresaliente.

En cuanto al ganado, es obligatorio destacar la bravura encastada del quinto toro lidiado por Victoriano del Rio. Se rompió en varas, romaneó con codicia durante siete minutos en dos varas. Y, extenuado, se creció en banderillas y embistió en la muleta con una agresividad maravillosamente conducida por El Juli.

Un dato: la gente va a los toros y llena la plaza cuando los carteles merecen la pena.

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