VEREDICTO: DESIERTO

No cupo otra posibilidad. La corrida concurso del pasado domingo en Zaragoza no dio lugar a premio para el toro más bravo, porque ninguno lo fue. Reses de encaste Murube, Cuadri, Núñez, Saltillo, Domecq y Santa Coloma, que salieron por este orden con las divisas de Fermín Bohórquez, Cuadri, Alcurrucén, Adolfo Martín, Fuente Ymbro y Los Maños, con ser tan diferentes, navegaron por las aguas decepcionantes de la mediocridad.

Ni de lejos hubo alguno que pudiera asemejarse a un toro de bandera, por más que el público, sugestionado por el tipo de corrida, pusiera todo su empeño en contravenir la razón y la buena lidia empeñándose en ver lo que, en el mejor de los casos, no eran más que espejismos.

En presentación, como suele ser habitual en corridas de distintos encastes y ganaderías, fue muy desigual, con tres toros reconocibles por el tipo de su vacada –los de Cuadri, Alcurrucén y Adolfo–, el de Bohórquez demasiado aparatoso y grande; grandísimo y más feo que grande el de Fuente Ymbro y una “rata” anovillada y fea como ella sola, el de Los Maños, con un trapío impropio para una plaza de primera.

Éste fue, sin embargo, el que mejor juego dio en el caballo, aunque al ponerlo por cuarta vez en el jaco cantara la gallina, anunciando lo que acabaría siendo. El de Bohórquez, fue de más a menos, amagando escarbar en la segunda vara y haciéndolo en la tercera. Fue la suya una pelea correcta, pero sin lucimiento. Al de Cuadri no lo pudieron colocar bien ni una sola vez, entre otras cosas porque estuvo más pendiente de los toreros que del picador. Su pelea fue blandita y descafeinada. El de Alcurrucén cada vez que sintió el palo salió de naja. El de Adolfo gazapeó en exceso para ir al caballo y no se arrancó ni una vez con franqueza. Iba andandito y se dejó pegar. Si bien es cierto que en la última vara su comportamiento fue a más, pero era de mentira como luego veríamos. El zambombo de Fuente Ymbro derribó aprovechando la potencia de su corpachón en el primer encuentro y se vino andando en los dos puyazos posteriores sin entregarse en ellos.

En cuanto al juego que tuvieron en el último tercio, soso, probón, deslucido y a la defensiva el de Bohórquez; inédito el de Cuadri por partirse una mano en la primera tanda de derechazos; con movilidad el de Alcurrucén, que tuvo un buen pitón derecho repetidor, con el defecto de salir de las suertes algo distraído, aunque luego volvía a tomar la muleta, y al que Escribano cortó la única oreja del festejo; desarrollando sentido el de Adolfo, que acabó rajándose descaradamente y buscando tablas; muy aplomado y de cortísima duración el de Fuente Ymbro, que le tomó apego a la querencia de tablas, y vibrante y espectacular en sus primeras arrancadas el de Los Maños, que debieron obedecer más a arreones de manso que a otra cosa, puesto que mediada la faena le entró el pánico y huyó del torero como de su sombra cada vez que éste conseguía darle un pase.

Con estos mimbres, era lógico que el veredicto del jurado dejara desierto el premio al toro más bravo. Las corridas concurso se siguen pareciendo más a limpiezas de corrales (o de cerrados) que a lo que debería tener por finalidad una competencia de prestigios entre los ganaderos. Y así es difícil que la cosa funcione.

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