FERIA DE SAN ISIDRO, UN APERITIVO PASADO POR AGUA

Un mayo lluvioso empapa la primera parte de la Feria. Comenzó, bajo ráfagas de lluvia intermitente, el 6 de mayo. El cartel era bueno: Miguel Abellán, Daniel Luque y Jiménez Fortes, con toros de Valdefresno. Pero estos, grandes como armarios, de tristona nobleza y bajísima casta, nublaron más la tarde. Cuando los toros pasan sin embestir y terminan por refugiarse en los tableros, la tauromaquia es como un buen vino mezclado con agua. Los toreros estuvieron bien, sobre todo Luque, que se dejó tocar los engaños para ver si los mansos encelaban sus embestidas y a veces conseguía pases de un temple límpido. Mereció la oreja de su segundo toro, que el presidente le negó. Y en igual tono, aunque menos diestros, vi a Abellán y a Fortes. Los tres merecían otro ganado.

Quienes sí disfrutaron de la bravura, al día siguiente, fueron los rejoneadores Andy Cartagena y Diego Ventura, espectaculares fuera de las suertes y menos comprometidos al ejecutarlas. Cartagena cortó dos orejas y Ventura, una (mereció dos). Los acompañaba Manuel Manzanares, poco afortunado con los dos toros más complicados. La corrida, con cuatro toros bravos, fue de Guiomar Cortés de Moura.

Pero el domingo volvieron los armarios y la mansedumbre, esta vez con la divisa de Montealto. Salvo el primero, bravo, los demás fueron un regalito. Con el bravo, Juan Bautista estuvo elegante, valiente y torero. Cortó una justa oreja. Y también apostó con su segundo, bronco, que no se merecía el valeroso empeño del torero. Morenito de Aranda y José Manuel Más se estrellaron con dos lotes infumables.

Crucémos los dedos y esperemos que el agua, anunciada para casi toda la semana, no anegue la primera parte de un San Isidro muy brillante sobre el papel.

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