JOSE TOMAS Y LA CRISIS Y LA CRITICA TAURINAS

A nadie se le oculta la crisis que atraviesa la Fiesta. Tampoco que, cuando ésta interesa, el público llena las plazas: sin información, sin que los media creen expectación. Ahí está Feria de San Isidro. Y ahí está José Tomás. Pero ahí están, también, los mandarines de la crítica taurina y unos cuantos aficionados misantrópicos para ayudar a los antitaurinos, no vaya a ser que cunda la esperanza.

En Madrid, algunos presidentes, tan serios ellos, roban orejas. Por ejemplo, al novillero Álvaro Lorenzo, para que no tome la alternativa con los humos muy subidos y la afición ilusionada. Pero como al gran torero de esta época no se las puede robar nadie, el rabo que  cortó en Jeréz era incontestable, ahí está la crítica para echar una mano. Torero-rey-emérito, o sea jubilado, para Zabala de la Serna, líder de la crítica madrileña, o Torero con el toro de Jeréz, para Antonio Lorca, líder de la inquisición lunática. Encantadores. Como si nadie supiera que José Tomás, tras su cornada de Aguascalientes, torea cuando quiere y donde quiere pero sin haberse retirado del toreo, o que en Jeréz se lidia el toro de Jeréz. Es una lástima que no supieran contar por qué y cómo José Tomás dio, el sábado 7 de junio, los mejores, más lentos, bellos y profundos naturales de la historia. Tampoco explicaron por qué la Fiesta volvió a los informativos de televisión como si la crisis se hubiera esfumado, ni se atrevieron a exigirle que toree al menos veinte corridas por temporada. Entonces, la Fiesta volvería a estar arriba… y quizá ellos, tan serios, abajo.

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