LA EXPOSICIÓN DE LA MENTIRA

(Carta abierta a Rafael Doctor) Rafael Doctor eres un embustero. Peor aún: un mentidor de historia. Uno de esos diosecillos ridículos que, incompetentes para alcanzar ese mundo que pretenden a imagen y semejanza de sus sueños lunáticos, no dudan en torcer el pasado del único modo que le está permitido: como los hechos no hay quien los varíe, dices de ellos lo contrario que fueron para así arrimar el ascua a la sardina de tus intereses.

Digo sardina y te pido perdón, pues me imagino que no entrará en tu dieta el comer animales sean peces, mamíferos o aves; digamos pues que te lo arrimas al ascua donde pones la panocha de maíz que roes con complacido gesto de vegano.

Dices que la fiesta de los toros es heredera de un pasado infame, cuando lo verdaderamente infame es este presente de recortes, desahucios, rescates a la banca, desigualdad social, cifras intolerables de paro y de miseria, que, al parecer, no merecen tanto vuestro tiempo y energía volcados como estáis en vuestra cruzada animalista; un tiempo como éste, que permite que cualquiera –tú mismo– se ponga a hacer revisionismo de la Historia y desdiga lo documentado sin aportar la mínima prueba para ello.

En este tiempo infame, que da licencia a cualquier maestro liendre –ese que de todo sabe y nada entiende– para aportar sus basuras en tertulias televisivas, programas de radio o incluso –depende de su grado de servilismo– en la prensa escrita, te aprovechas de ello y de tu cargo de Comisario de la Exposición “Otras tauromaquias” para convertir a don Francisco de Goya y Lucientes –nada menos que a Goya, del que los historiadores se han ocupado del derecho y del revés–, a ese Goya al que llamaban “don Paco el de los toros” por su insobornable afición al toreo, en un prosélito de la causa antitaurina. Te atreves a mezclar su “Tauromaquia” con otras creaciones –por cierto, inferiores en todo a la suya– de los enemigos del toreo y justificas este hecho con la mera suposición de que, en sus láminas taurómacas, Goya quiso pintar los horrores del toreo, como más tarde el conflicto bélico con los franceses le llevó a plasmar sus “desastres de la guerra”. ¿Aportas algún documento que avale ese cambio de perspectiva del pintor de Fuendetodos? ¿Has descubierto algo que te lleve a justificar eso que dices?… Lo aclaro a los lectores: No. No hay ningún documento ni ninguna fuente autorizada que nos permita dudar siquiera de lo que Goya sintió durante toda su vida por el toreo. Nada que nos incline a rebatir aquel testimonio de su viejo criado, Antonio Trueba, cuando sostenía que “En dos cosas era mi amo incorregible, en su afición a los toros y en su afición a las hijas de Eva”.

Afirmar lo contrario sin aportar la mínima prueba es mentir la historia. Y eso es lo que justifica que te llame embustero. Si eso lo sueltas en una reunión de amiguetes mientras estáis tomando una taza de té u otra infusión de vuestro agrado, nada tendría que objetar, aunque tomara buena cuenta de tu capacidad para desquiciar la realidad. Pero hacerlo en una exposición abierta al público son ganas de engañar al personal, cosa a la que los animalistas estáis acostumbrados, pues hay que tener muy poca vergüenza y la cara muy dura para seguir manteniendo por ahí que existe una Carta del Derecho del Animal aprobada por la ONU y por la UNESCO, cuando sabéis de sobra que eso es mentira, como cualquiera que consulte las resoluciones aprobadas por ambos organismos puede comprobar. Y sin embargo, lo hacéis.

La culpa no es sólo tuya, sino de las autoridades municipales, autonómicas o de aquellas que tengan competencias en el ámbito cultural que te permiten hacer uso de la obra del pintor aragonés en ese contexto y no te obligan a retirarla de inmediato. Porque, además de llevar la incultura del engaño a los madrileños y posibles visitantes de la exposición, estás difamando y tergiversando la memoria y la obra de un hombre, de un artista, de una figura pública, de un señero exponente de la pintura universal.

Ya puesto a inventar, te atreves a decir, me imagino que con esa puerilidad que os caracteriza, que si Goya viviera hoy sería antitaurino. Y yo te digo, conociendo por sus biógrafos su genio y su carácter, que si viviera hoy y viera lo que has hecho con su obra y su memoria te correría a gorrazos por todo Madrid. Y, desde luego, acabaría en dos segundos con tu falaz exposición.

De eso no me cabe duda.

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