MADRID, 2 DE MAYO : BUENA CORRIDA DE JOSELITO

Si exceptuamos el sexto toro, feo de encornadura y hechuras, la corrida de Joselito fue magnífica. Hubo cinco toros de bella lámina, peso justo –salvo el quinto (592 kilos), que, por tanto, se paró- y comportamiento de bravos: nobles, despiertos y prontos. Les faltó, eso sí, algo más de motor, o de fuerza, para repetir más embestidas ligadas. Pero en su descargo hay que acusar a los toreros de no dejarles la muleta puesta para que las repitieran. Por eso, el público, bonancible, se mostró frío con ellos.

A mi modo de ver, los tres primeros eran de dos orejas y sólo se cortó una, generosa, al tercero. El cuarto y el quinto bajaron, pero mientras embistieron no los torearon como merecían. Y el sexto fue el garbanzo negro de la corrida. Miguel Abellán, abría cartel, se mostró prudente con su primero, tal vez porque apretaba un poco por el pitón izquierdo, y pecó de demagogo en su segundo, cruzándose en exceso, para que lo aprobaran los puristas, y, por tanto, acortando los viajes del animal. A Iván Vicente lo ví valiente en los cites y prudente entre pase y pase. Y a Juan del Álamo, más acelerado que un ciclista. Pero como su valor fue más sincero y ligó el toreo en redondo, le dieron una oreja.

En el mundo del toro hay un dicho muy conservador: “Cada torero está en el sitio que se merece”. Suele ser cierto.

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