MADRID : MUCHO VIENTO, POCA BRAVURA Y GRAN ENTREGA TORERA

Los toros (por orden de comparecencia) : Lunes 23 : Seis novillos de La Ventana del Puerto, con mucha romana los tres últimos, el 1º y el 3º con hechuras de “Atanasio”; el resto, “en Domecq”. En general, cumplieron. Los lidiaron y picaron muy mal. Martes 24 : Seis toros de Alcurrucén, con mucho trapío. Al 2º, un bravo de bandera, le dieron la vuelta al ruedo. El 1º bravo y encastado. El 4º muy manso. El resto, mansos con genio.

Miércoles 25 : Cinco toros de El Vellosino, grandes como armarios; unos, mansos; otros, muy mansos; todos, nobles y deslucidos. Y un toro de Domingo Hernández, bravo. Jueves 26 : Seis toros de Parladé, seis autobuses londinenses, 3.651 kilos en total. Es decir, los del tendido 7 no protestaron y los toros se pararon. Emocionaban menos que un dinosaurio disecado. Viernes 27 : Cinco toros de El Pilar, zancudos, ensillados, grandes (en tipo), mansos los tres primeros y bravos 4º y 5º, todos de embestidas desconcertantes en los dos primeros tercios y muy mermadas en la muleta. Y un toro de Salvador Domecq, bravo, pero se quebrantó en la primera vara.

Sábado 28 : Seis toros de Benítez-Cubero, bravos, con movilidad, celo y un buen equilibrio entre romana y trapío. Domingo 29 : Seis toros de Baltasar Ibán, con desiguales hechuras y tipo. 1º y 3º, nobles; 2º bravísimo; el resto, deslucidos.

Conclusiones:

Los novillos en Madrid tienen trapío de toros, peso de toros, cuernos de toros y les falta por lo general un par de meses para ser toros; es decir, son los toros que se veían en Madrid hasta 1970. A los novilleros suelen venirles grandes y sufren cornadas muy a menudo.

Los toros en Madrid suelen pesar entre 50 y 100 kilos más de lo que su naturaleza –la de un bovino tamaño medio- admite. Si los torean las figuras, dada la torerofobia del tendido 7, deben ser más grandes, pesar más y tener los pitones más “cornalones”, y eso impone que para Madrid se reseñen los toros por sus cuernos y su volumen y no por su reata y hechuras. Consecuencia:  en Las Ventas los toros embisten menos y se ve poco toreo. La corrida mejor presentada era la de rejones –público distinto, exigencias distintas- y fue la más brava. Del resto sobresalió un toro, el 2º de Ibán, muy en Domecq, no en Contreras, de espléndidas hechuras. Con la misma armonía entre kilos y morfología que tuvo el “Alcurrucén” de la semana anterior. ¿Dos toros bravísimos? Por supuesto, pero, sobre todo, dos milagros.

Los toreros:

Lunes 23

Alejandro Marcos (novillero): Voluntarioso, valeroso e insustancial.

Joaquín Galdos (novillero): Buen corte y mala suerte: sus novillos no colaboraron.

Juan de Castilla (novillero): Tiene oficio y valor, pero nada más.

Martes 24

Diego Urdiales: Su primer toro incomprensiblemente no se picó. Le sacó buenos pases con la mano derecha; por el pitón izquierdo era un asesino. Y su segundo fue un manso ilidiable.

David Mora: Le hizo una gran faena a un toro excepcional. Le cortó con fuerza las dos orejas. Salió por la Puerta Grande.

Roca Rey: Con todo a la contra. Es decir, con dos toros infames y un público reticente, estuvo en figura del toreo. Su faena al sexto fue intensa, emocionante y muy poderosa. A este toro le propinó la estocada de la feria. Tuvo la plaza a la contra. Un buen dato.

Miércoles 25

El Juli: Muy torero con su primer toro, magistral con su segundo. El tendido 7 y algunos más le pitaron y boicotearon. Al final, le ovacionó el resto de la plaza.

Miguel Ángel Perera: Breve con un manso que huía y se jugó el tipo con otro manso que no quería embestir. Un gustazo para los reventadores.

López Simón: Voluntarioso con su primero y por debajo del sobrero de Domingo Hernández.

Jueves 26

Juan José Padilla: Le cogió su primero al cuadrar en la cara su primer par. Banderilleó bien a sus dos toros. Valeroso, actuación muy meritoria.

Iván Fandiño: Su primer toro embestía corto y al hombre. Imposible. A su segundo le dio distancia y plaza, y con la inercia consiguió dos buenas tandas. Luego, lo cerró algo más, lo citó en corto y se frustró la faena. Se le fue un triunfo.

José Garrido: Valiente, toreó muy bien de capa cuando sus toros embestían, mal pero embestían. Se la jugó sin opciones con la muleta.

Viernes 27

El Fandi: Buen lidiador en el primer tercio, sobrado en banderillas y mediocre con la muleta. Tuvo al tendido 7 en contra toda la tarde.

David Mora: No se entendió con las desconcertantes o arrítmicas embestidas de sus dos toros.

López Simón: Voluntarioso y valiente con dos toros a la postre deslucidos.

Sábado 28

Rui Fernandes: Correcto en el toreo, despegado en las suertes.

Sergio Galán: Voluntarioso, académico y lucido. Cortó dos orejas.

Joâo Moura: Buen rejoneo y pureza en la ejecución de las suertes.

Domingo 29

Iván Vicente: Muy torera toda su actuación, muy buenas sus maneras, merece torear más tardes.

Alberto Aguilar: Cortó una oreja a su bravo “Ibán”; sin viento le habría cortado dos.

Víctor Barrio: El viento le impidió acoplarse con su primer toro, y su segundo era un manso que huía de su sombra.

Conclusiones:

En Las Ventas hay un dogma impuesto por el tendido 7 y contagiado a ciertos aficionados, cuando el toro se para entre pase y pase de muleta: la obligatoriedad de cruzarse. Es decir, que el torero se sitúe entre los dos pitones al citar. Y eso es un estupidez taurómaca. Veamos: el torero debe cruzarse ante el toro fijo y con muchos pies para reducir su velocidad –templar- en el toreo ligado en redondo; o para fijar la mirada en la muleta del toro incierto, que desparrama la vista. Entonces marca el trayecto de su embestida.

Pero si el toro es fijo, el torero podrá citarle cruzado –si quiere asegurar más la reunión- o ligeramente al hilo –si quiere prolongar más la embestida. El toreo cruzado, que se produce en el cite del primer muletazo, es una ventaja si se practica con el toro pronto y noble, y, en todo caso, reduce siempre la dimensión y profundidad del pase. Por eso, se dice –con razón- que el buen toreo empieza a partir del segundo muletazo ligado en redondo, precisamente cuando el torero está en su sitio y el toro pasa por el suyo. El quid de la cuestión estriba en cómo se lo pase el torero, si cerca –fajado- o lejos –despegado-, si prendido en el centro de la muleta o tocado a pitón contrario, en el extremo de ella. Y en este punto conviene hacer otra advertencia: al toro se le cita con el centro de la muleta o con su estremo esterior, según convenga a su condición, pero siempre se le rematará con el pico, el nefando pico, si se quiere que el toro, toreado con largura, quede en su sitio, colocado para el siguiente pase. Pero estos matices, obvios, son demasiado para la tauromaquia de compás y cartabón dogmatizada por el tendido 7. Y de ahí, el ¡estás fuera!, ¡crúzate!, que anteceden al toreo, y el pitido o el “miau” que lo corean.

Es triste que el supuesto rigor de Las Ventas se base en la exigencia unida al desconocimiento de unos cuantos descerebrados.

Dicho esto, la semana estuvo coronada por una faena de arte, la de David Mora a un toro ideal de Alcurrucén, y por dos faenas de riesgo y mérito de El Juli y Roca Rey a dos toros muy aviesos de la misma divisa. Ambas fueron protestadas por el tendido 7 y valoradas por el resto de la plaza, aunque no como merecían.

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