PALABRAS PARA EL PANA

Su vida queda en manos de la ciencia. Pero su historia y su leyenda pertenecen a la literatura. No es nuevo que el hombre se vea impotente para librarse de su angustia. De eso sabe mucho el toreo. Y los toreros. Sobre todo gente como El Pana, curtido en la legua, coleccionista de sueños, receptor de polvo de mil y un caminos, experto en tragar lágrimas, filósofo de la jauría de perros callejeros, encajador de golpes, romántico Cirano de las casas de putas, mezcla de ángel y diablo, amante de las luces y las sombras y de la vida toda.

Tentado por el vértigo en miles de ocasiones. Hundido en el olvido, alzado en las hazañas. Hechizado por el agotamiento de conocerse hasta la última célula del alma. Y por encima de toda su impostura, de toda su nobleza, de toda su verdad, amantísimo amante de los toros.

A El Pana lo ha cogido un toro colorado, de 480 kilos de peso, gacho de cuerna, de la ganadería potosina de Guanamé, que atendía por “Pan francés”, mientras actuaba en la plaza “Alberto Balderas”, de Ciudad Lerdo, en Durango. Era la corrida del pasado 1 de mayo, Día del Trabajo; un festejo mixto que acogía el debut en dicho coso del llamado Brujo de Apizaco junto con el joven novillero lagunero Jesús Sotomayor y la actuación de los Recortadores Goyescos Españoles. Era una corrida en cierta forma benéfica, pues la empresa había decidido ceder la totalidad de los ingresos de las taquillas de sol a dos jóvenes laguneros –Daniel y Ana– aquejados, pese a su corta edad, de dos graves enfermedades.

La corrida se metió en sustos para El Pana ya en su primer astado, negro de capa, “Obrero” de nombre, de 478 kilos, que en el último tercio atrapó al sexagenario maestro tlaxcalteca y lo volteó propinándole un fuerte golpe en la cabeza y otro en la región abdominal. Afortunadamente en esta ocasión, El Pana pudo volver a la cara del toro para cortarle las dos orejas. Pero salió en cuarto lugar “Pan francés”. Venía tan pegadito a tablas que el intento de El Pana de embarcarlo y sacarlo para fuera con un lance no dio resultado, siendo entrampillado y volteado Rodolfo, con tan mala fortuna, que su cara vino a chocar contra el piso de la plaza lerdense, quedando absolutamente inmóvil, mientras el toro seguía su camino sin volver a hacer por su presa. Llevado con premura y preocupación a la enfermería, el Dr. Jorge Mario Galván Zermeño pronosticaba de muy grave el parte facultativo, que señalaba que Rodolfo Rodríguez sufría una lesión raquimedular cervical severa con fractura de tres cuerpos vertebrales producto de contusión con hiperextensión cervical en su caída. Fruto de este traumatismo, El Pana tiene obstruida la médula ósea y padece insensibilidad en el tren inferior.

En el momento de escribir estas líneas, El Pana continúa en coma inducido en la Unidad de Terapia Intensiva del Sanatorio Español de Gómez Palacio. Espero y deseo que un personaje tan forjado en sufrimientos y con tal capacidad de genio no acabe aquí su historia ni quede como un simple juguete roto del destino. Si no en los ruedos, quiero ver de nuevo a El Pana por la calle, con su porte de hacendado indiano, su puro respetable, su sombrero impecable y el brillo y la agudeza de cien ardillas cabrilleándole en los ojos. Él sabe bien lo que supone vadear infiernos y resurgir de sus cenizas, como aquel día de su supuesto adiós, cuando inmortalizó al toro Rey Mago, de Garfias, en la plaza México; ojalá que ahora lo consiga de nuevo y salga airoso de esta prueba tan dura. Ojalá.

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