MANZANARES HIZO LA FAENA DE LA FERIA… Y DE MUCHAS FERIAS

Los toros. Lunes 30: Seis toros de Adolfo Martín, bien presentados, bravos y con clase, salvo el 1º y el 4º, broncos y con genio defensivo. Martes 31: Seis toros de Saltillo, feos de tipo, alguno sin trapío, mansos como de media casta, el 3º condenado a banderillas negras, todos muy peligrosos e ilidiables. Miércoles 1: Seis toros de Victoriano del Río (dos, 2º y 6º, con la divisa Toros de Cortés), que dieron buen juego. Fue la corrida más completa de la Feria. El 5º, de nombre “Dalia” , con el nº 56 y 580 kilos, tuvo clase, fijeza y codicia. Mereció la vuelta al ruedo, pero el presidente no la concedió.

Jueves 2: Seis toros de Celestino Cuadri, grandes, hondos, ensillados y feos, con pitones acapachados y feos, unos mansos y todos broncos, peligrosos y deslucidos.

Viernes 3: Seis toros de Victorino Martín, desiguales de romana y similares de hechuras, todos mansurronearon con genio defensivo.

Sábado 4: Seis toros de Fermín Bohórquez, bravos, nobles, bien presentados.

Domingo 5: Cinco toros de Miura, feos de hechuras y de encornadura, mansurrones y delucidos; y un toro de Valdefresno, entipado en bisonte, deslucido.

Conclusiones: La última semana de Feria, la torista, fue decepcionante. Si somos honestos y juzgamos a todos los toros por el mismo rasero, debemos afirmar que la mejor corrida, la más brava y encastada, la mejor armada y presentada, fue la de Victoriano. Además, sirvió un toro excepcional, “Dalio”, nº 56, de 580 kilos, que, afortunadamente, correspondió a Manzanares. Entre las ganaderías consideradas toristas, destacó el encierro de Adolfo Martín, con cuatro toros bravos y entre ellos dos de extraordinaria clase. El resto de las corridas, Saltillo, Cuadri, Victorino y Miura, fue una basura: ni bravura, ni casta, ni fuerza, en el mejor de los casos tuvieron peligro. Y en esta supuesta cualidad destacó Saltillo, un lote vergonzoso de peligrosos moruchos. Completó la semana una brava corrida de Bohórquez para rejones. En consecuencia, si en la semana torista triunfaron Victoriano del Río y Fermín Bohórquez, el torismo es pura mercadotecnia apta para aficionados inexpertos.

Los toreros

Lunes 23

Rafaelillo:  Se escurrió como pudo de las rebanadas de su primer enemigo; gallardo y torero con su segundo, mereció la solicitada oreja que el presidente no le concedió.

Sebastián Castella: Toreó a los “saltillos” como se debe, dándoles sitio y en línea para rematarlos después hacia adentro. Los contagió de temple. Los toros sacaron afuera una bravura enclasada y él, una elegancia insuperable. El tendido 7 le boicoteó y la plaza se opuso, pero no lo suficiente. El de Béziers dio una gran tarde.

Manuel Escribano: Valeroso, voluntarioso y mediocre, tuvo una mala actuación.

Martes 31

Sánchez-Vara: Heroico frente a dos toros que no embestían, lanzaban cuchilladas.

Alberto Aguilar: Heroico frente a dos toros de inmenso peligro.

José Carlos Venegas: Heroico frente a dos mansos asesinos.

Miércoles 1

Sebastián Castella: Valiente, dominador y soso, se pegó una arrimón. Pero a una figura se le debe exigir que, además de poder al toro, pueda al público.

José María Manzanares: Hizo la faena de la Feria (aunque la Corrida de Beneficencia  no se incluye burocráticamente en el ciclo). Toreo de trazo excepcional, medio pecho por delante, mano baja, cintura rota y trazo elegante. Hizo la mejor faena de la feria. Con el capote, dibujó las mejores verónicas del abono e hizo un sensacional quite por chicuelinas. Cumbre.

López Simón: Su primera faena fue valiente y animosa, más emocionante que bella. Le dieron dos orejas muy protestadas. Debió cortar una. Con su segundo hizo una faena similar y fue premiado con una gran ovación.

Jueves 2

Luis Miguel Encabo: Cumplió con oficio.

Fernando Robleño: Valeroso, plantó cara a sus mansurronas fieras.

Rubén Pinar: A veces toreó como si sus toros fueran buenos.

Viernes 3

Uceda Leal: Ante la imposibilidad de torear a dos mansos sin embestida hizo uso de la brevedad, vieja virtud torera hoy no tolerada. Ahora, la gente ha deificado el trabajo y premia el inutil empeño aunque se aburra. Al madrileño lo abroncaron.

Miguel Abellán:  A punto estuvo de triunfar cuando su segundo y manso enemigo terminó por embestir a fuerza de sobarlo en línea. Pero eso no lo apreció el aficionado, que prefería verlo cruzado aunque el toro frenara su ímpetu y la dimensión y fijeza de su embestida. Cosas.

El Cid: Estuvo por debajo de los dos toros más potables del manso encierro, pero a la gente le gustó y le aplaudió mucho.

Sábado 4

P. H. de Mendoza: Hizo el mejor toreo a caballo de la feria, pero como pinchó un par de veces no recibió otro premio que una ovación.

Leonardo Hernández: En estado de gracia, con valor, ritmo y pureza, volvió a abrir la Puerta Grande.

Lea Vicens: Confirmó su alternativa con brillantez: triunfó y si le dan sitio crecerá y será una gran rejoneadora.

Domingo 5

Rafaelillo: Muy por encima del “Miura”, al que le sacó algunos muletazos, y también se hizo con el de Valdefresno, pero el público protestaba al toro  y no tuvo más opición.

Javier Castaño: Solvente frente a dos toros inservibles.

Pérez Mota: Es una pena ver a un torero de tan buen corte ante dos “miuras”  imposibles, uno en cabrón y otro en sosaina.

Conclusiones: Voy a destacar dos toreros de a pie. El primero, a gran distancia de todos los que han actuado en San Isidro, es José María Manzanares. Su faena al toro “Dalio”, de Victoriano del Río, ha pasado a los anales de la historia de Las Ventas. Fue la más intensa y pura que ha ejecutado este torero. Cite de medio pecho, mano baja, cintura rota, embestida fajada a compás del mando y el temple. El torero siguiente es Sebastián Castella, quien ha protagonizado el enigma más grande de la Feria: dar –a excepción de Manzanares- los mejores naturales de todo el ciclo ante un público mudo y unos cuantos listos que le silbaban. Eso no lo había visto nunca. Tal vez el tendido 7 ha tomado definitivamente el poder… o quizá la culpa fuera de los toros de Adolfo Martín, que tuvieron la desfachatez de embestir con fijeza y clase, algo intolerable en Albaserradas como Dios manda.

También voy a destacar a dos toreros de a caballo. Pablo Hermoso de Mendoza y Leonardo Hernández. Del primero, únicamente diré que hizo el mejor toreo a caballo de toda la feria, al imponer siempre los terrenos al toro, aprovechar incluso sus defectos para extraer torería de sus monturas y dar sentido a la lidia dentro y fuera de las suertes. La gente no se enteró y como además pinchó, se le ignoró. Leonardo le ha cogido el son la parroquia, a pesar de su juventud, con mayor tino. Menos su costumbre de torear y clavar con despaciosidad, todo lo demás lo hace muy rápido. Y esa vorágine enciende a los espectadores -¿cándidos, circenses, ecuestres?- del rejoneo. Sin embargo, su segunda puerta grande en este ciclo también fue cabal.

Última conclusión: entre el festivalero público de los rejones y el analfabetismo taurómaco de los toristas, el aficionado de toda la vida, el que sabe lo que es la bravura y el buen toreo, empieza a parecerme un marciano. ¿Qué fue de la plaza de Madrid? Antes, Las Ventas exigía porque sabía. Hoy, al desconocimiento le suma exigencia, y como exige se cree que sabe.

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