CONCLUSIONES SANFERMINERAS

1º Si se reseña el toro por la dimensión de sus cuernos y por su altura es prácticamente imposible hacerlo por nota y tipo. De ahí que en Pamplona hayan embestido, de verdad, una decena de toros. Malo para la Fiesta. 2º Si al picador se le pita por sistema, aunque ejecute bien la suerte, será porque gran parte del público no entiende la misión que la lidia exige a la suerte de varas. Cero para la afición.

3º Si todo el tendido de sol no mira la corrida y vive su propio jolgorio, difícilmente se comprende por qué dichos espectadores van a la plaza. Es como si en Roland Garros la gente estuviera bailando y bebiendo aunque Federer y Nadal estuvieran jugando la final.

4º Si cuando el torero se perfila para matar siempre le pitan, aunque sea la suerte más peligrosa del toreo, lo menos que puede sentir el aficionado es perplejidad.

5º Si en dicho contexto algunos toreros se ponen de rodillas o se empeñan en dar pases cambiados, nada se les puede reprochar.

6º Si la mejor faena de la Feria, a cargo de Miguel Ángel Perera, rematada con dos pinchazos y dos descabellos, sólo mereció una ovación, es que el jolgorio priva más que el toreo.

7º Si El Juli, con dos faenas poderosísimas, salió por la Puerta Grande, fue por una sola razón: es un torerazo.

8º Si Roca Rey triunfó clamorosamente y toreó en Pamplona como si estuviera en el patio de su casa es porque ha nacido una nuevo fenómeno del toreo.

9º Si los aficionados de sombra siguen la corrida, sordos ante el griterío que tienen enfrente, un respeto. Pero también hay que romperse las camisas cuando lo sucedido en el ruedo enciende los corazones.

Y 10º En Pamplona, en los encierros triunfan las multitudes y en la plaza, las taquillas. Pocas veces, la Fiesta.

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