NOTAS SANFERMINERAS

Entonado el “Pobre de mí”, San Fermín –camisa blanca y pañolico rojo– nos dejó una estela de brindis al cielo, un toro desmesurado y algunas notas de interés torero, mientras extramuros de la fiesta pamplonica era perceptible el grado creciente de sensibilización social, conmocionada España por la ruindad e inhumana barbarie de los mensajes que algunos animales habían volcado en las redes sociales en torno a la cogida y muerte de Víctor Barrio.

El odio incontenible que empozoñaba los injuriosos textos de los fanáticos del animalismo ha encendido, al parecer, el pilotito de alarma en algunas instancias del Estado, dando inicio a una serie de acciones encaminadas a no dejar impune los desahogos e insultos de esos degenerados, capaces de cambiar su condición de animales racionales por la degradación de simples bestias rabiosas. Caiga sobre ellos el peso de la Justicia y comiencen a tomar en serio políticos y gobernantes las afrentas y amenazas que una de las parcelas más genuinas  de nuestra Cultura, como es la de los toros, viene sufriendo por parte de la dictadura abolicionista que encarnan el animalismo, el separatismo catalán y esa progresía postmoderna afanosa de encontrar su sitio dentro de la “casta”.

La feria de San Fermín también quedó tocada por la tragedia del pasado día 9 en Teruel y fue el espejo donde pudimos admirar la capacidad de superación, el amor a su profesión y el tremendo valor que asiste a los toreros. Pasar, en veinticuatro horas, de recoger del suelo a un compañero muerto a ponerse delante de dos toracos impresionantes sin dejarse afectar por lo ocurrido, como le pasó a Curro Díaz, dice mucho de los valores que el toreo logra inculcar a sus practicantes. De vivir Homero, hubiese hecho con ellos una nueva Ilíada.

El torero asume la muerte mejor que el fracaso. Y ahí estuvo Roca Rey para demostrar, antes y después de la tragedia, que no hay circunstancia que lo aparte del triunfo. Llegó a Pamplona con dos señoras corridas de toros y, con tres astados complicados y uno bueno, pero semiinválido, conmocionó los tendidos al punto del infarto, se llevó cinco orejas y saldó sus actuaciones por el único camino que admitía: el de la puerta grande.

Además de lo suyo, hubo faenas notables con distinto premio. Muy meritoria, la de Perera a su primer toro de Cuvillo. Fue como un oportuno renacimiento que el fallo a espadas no puede eclipsar. Maciza, por los dos pitones, la de Talavante a “Decano”, con diferencia el mejor toro del ciclo, agraviado comparativamente con “Soplón”, de Fuente Ymbro, y “Desgarbado”, de Victoriano del Río, pues ambos fueron premiados inmerecidamente con la vuelta al ruedo, mientras que “Decano”, mereciéndola, se quedó sin ella. Menos mal, que a la postre, la Casa de Misericordia hizo justicia concediendo al de Jandilla el premio Carriquiri al toro más bravo.

Mandona y enrazada fue la de El Juli al ya mencionado “Desgarbado” y me gustó sobremanera el talante y disposición de Javier Jiménez con el astado más potable de una mala corrida de Cebada. Tres vértebras lesionadas y una amnesia pasajera no le impidieron pisar la arena en ambos toros como un torero macho. Hay que hacerle sitio y justicia a diestros como él.

Sobresalió también en el prólogo novilleril Luis David Adame, que, sin embargo, me gustó menos que en Madrid. Después he sabido que proyecta tomar la alternativa en Nimes, para la vendimia. Estimo excesivamente prematuro el paso, pese a comprender lo difícil que está el mundo de las novilladas. Él sabrá lo que hace, pero la alternativa, además de una meta es un punto de partida. Y luego, ¿qué? Dónde, cómo y en qué condiciones se torea… El tiempo despejará la incógnita.

Reseñable fue también la compuesta faena de Dávila al mejor miura de la tarde. López Simón no bajó el pie del acelerador, aunque tampoco subió su cotización. Victoriano del Río se llevó el premio a la corrida más completa. Ureña no ofreció su mejor cara. Bautista cortó una oreja y así, poco a poco –la Feria del Toro ya es historia–, nos hemos ido metiendo en el territorio de lo perecedero. Ahora, Santander espera.

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