UNA PLAZA CON SOLERA

Valverde del Camino, localidad huelvana asentada en esa antesala de la sierra que es el Andévalo, conocida como capital mundial del boto campero y por su afamada industria de fabricación de muebles, goza, taurinamente hablando, de una de las plazas de toros más añejas con que cuenta la geografía taurina española, pues data nada menos que de 1828, fecha en la que solicitaba permisos al rey Fernando VII para correr novillos a beneficio de los presos y pobres de la Cárcel Real de dicha población.
Teniendo en cuenta que la primera corrida de toros que consignan sus anales se celebró el 16 de septiembre de 1832 anunciando como espada a Manuel Lucas Blanco, puede considerársele como testigo local y omnipresente durante toda la biografía del toreo. Y si señalamos que, cuando dicha corrida se celebra, faltaban quince años aún para que Juan Lucas Blanco –el hijo del mencionado Manuel– toreara en Sevilla la primera corrida de la Feria de Abril de la historia, queda nítidamente reflejada la solera que le confieren esos ciento ochenta y ocho años de existencia.
A esta solera venerable se le unió hace un lustro el vino joven de su callejón, pues, hasta entonces, la plaza había carecido de él; incorporación deseable desde el punto de vista de toreros y profesionales por la comodidad y seguridad que ofrece su existencia. Lo que nadie podía prever entonces era el conflicto que esa política con minúsculas que tantas veces roza la ruindad y el ridículo iba a generar en torno al callejón. Resulta que, cuando éste se inauguró, el Ayuntamiento valverdeño era del PSOE y, por lo tanto, compañero de viaje de la Junta de Andalucía. Pero al año siguiente, el cabildo valverdeño cambia de color siendo gobernado por el PP, lo cual genera una “denuncia” de que este mismo callejón que el año antes no había dado ningún problema, hace ahora inviable la celebración de corridas de toros y novilladas con picadores por faltarle al diámetro del ruedo 35 centímetros para alcanzar los 33 metros mínimos previsto por el reglamento Taurino de Andalucía y necesarios para celebrar este tipo de espectáculos.
¿Cómo se solucionó el asunto? Pues moviendo una cuarta parte del callejón, de modo que entre la puerta de toriles y la llamada del Sol las tablas de la barrera se pegan al muro –es decir: en ese sector no existe el callejón como tal–, ganándose así unos 90 centímetros, suficientes para cumplir con la normativa. De esta forma tan peculiar se salvaron las ferias del 2012 y las que la siguieron, hasta llegar a la de este año inaugurada el martes día 9 con el pregón taurino que tuve el honor de pronunciar y culminada el pasado sábado con una corrida de toros muy de justicia taurina con la que el empresario Jorge Buendía quiso premiar a la terna de novilleros triunfadora en la feria del pasado año.
Al final, no pudo llevarla del todo a cabo como pretendía, pues Álvaro Lorenzo –uno de los espadas implicados– toreaba ese mismo día en Pontevedra; pero su puesto lo ocupó otro diestro de flamante alternativa, cuyo apellido –Posada– está muy vinculado a Valverde. También se repitió la ganadería del pasado año y el agrado del público se hizo patente acabando el papel en sombra y ocupando en más de la mitad los tendidos de sol.
Del resultado artístico del festejo, decir que Ginés Marín salió a hombros tras cortar oreja de cada uno de sus enemigos, mientras que sus compañeros de terna cortaban tan sólo un trofeo. La pena fue que David de Miranda realizó en el último de la suelta una faena que bien pudo merecer las orejas y rabo del castaño de Manuel Ángel Millares, pero que estropeó por su deficiente manejo del estoque.
En cualquier caso, lo más importante es que todavía aquí sigue la plaza, se siguen dando toros, la afición acude ilusionada y la savia nueva de los toreros emergentes también continúa dando su fruto.

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