CINCO AÑOS DE ESPERA

Cinco años de silencio. Cinco años de soledad. Cinco años de abandono. Cinco años echados los cerrojos, los toriles vacíos, la arena sin regar y un viento de derrota poblando el desierto graderío, donde, desde hace ahora un siglo, atronaron los oles, las palmas y los pitos, la emoción generada por miles de hombres ante miles de toros, la magia de una cultura intransferible, insobornable y viva.

El domingo se cumplieron. Cinco años ya del último cartel, de la última terna a hombros, de aquel clamor de Libertad que erizaba hasta el tuétano de los huesos, de aquel dolor inmenso, de aquellas lágrimas de hiel surcando las mejillas de la historia, de aquel tremendo desamparo, de aquella pérdida irreparable, de aquel luto inmaterial que llenaba de crespones las almas.

Un lustro ha transcurrido con la Monumental de Barcelona cerrada a cal y canto. Un lustro de espera infructuosa. Un lustro de esperanzas que no se resignan a dar la partida por perdida. ¿Dónde está la resolución del Tribunal Constitucional? ¿Qué cuadratura política ha de darse, qué carta astral, para que se decida a dar resolución al recurso de inconstitucionalidad presentado por el portavoz del Grupo Popular en el Congreso, Pío García Escudero, el mes que viene hará seis años? ¿No dicen que la Justicia es independiente de la Política? ¿Qué esperan sus magistrados para pronunciarse sobre la prohibición de los toros en Cataluña?

El pasado miércoles, representantes de la Fundación del toro de Lidia y la Federación de Entidades Taurinas de Cataluña se personaron en la sede del Tribunal Constitucional para hacer entrega de 22.000 cartas instando a dicho organismo a que, de una vez por todas, emita su fallo sobre el asunto de la prohibición catalana, pues ya ha transcurrido tiempo más que razonable para que su decisión salga del desván de asuntos pendientes y traspapelados.

El dilatado tiempo de demora me hace barruntar que el fallo será favorable al toreo, pues de lo contrario a buen seguro lo habrían dictado de inmediato; mas, por encima de premoniciones, parece palmario que dicha prohibición excede de las competencias legales de la Generalitat e invade las propias del Estado, además de cercenar los derechos y libertades de los aficionados catalanes, que deben ser los mismos que los de cualquier ciudadano del resto del Estado español. Así lo establece nuestra Constitución.

Rumores estivales soplaban en nuestros oídos que el fallo tendría lugar en septiembre; pero los días pasan y parece ser que no se encuentra la idoneidad política para darle luz. Por mi parte, convencido de que, saliendo en defensa de nuestro patrimonio cultural y artístico, la Justicia restituirá los toros en Cataluña, estoy deseando ver cómo se traga sus palabras el colérico parlamentario Tardá, cuando dijo aquello de que “para que vuelvan los toros a Cataluña van a tener que traer la Legión”.

Veremos.

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