LA HORA DEL TOREO

Ha llegado la hora del Toreo. Por fin, hemos ganado. Nuestra Carta Magna, la Ley de Leyes, nos ha dado la razón. Mucho ha tardado; pero nunca es tarde si la dicha es buena, como dice el refrán.

Hemos ganado, pero para algo, no para quedarnos contemplándonos el ombligo y solazándonos de lo bueno que somos y lo cargados de razones que estábamos. Hemos ganado para que vuelva a haber toros en Cataluña; para que esa gran plaza, tan llena de historia, como es la Monumental de Barcelona, vuelva a abrir sus puertas centenarias y entone el pasodoble para un nuevo paseíllo en una especie de “decíamos ayer…”

La cosa no será fácil. Nada lo es contra la censura de esta nueva dictadura que cercena derechos según le viene en gana, sin mostrar el menor respeto por aquellos que, asistidos de Derecho, como el Tribunal constitucional acaba de ratificar, piensan de otra manera y tienen otros gustos y otro sentir por la historia. Habrá que pelear; pero no quiero derrotismos anticipados, como ya he visto en algunos pusilánimes. Tenemos el amparo de nuestra Constitución, la ley –para quienes no lo sepan– de mayor rango que puede darse y contra la que no valen disidencias estatutarias o alcaldadas de censora progre.

Dejadles que ladren, que amenacen, que griten, que se sulfuren…, por mucho que fanfarroneen, nada tiene que hacer ante la legalidad vigente en todo el territorio nacional, que incluye a Cataluña por mucho que les pese a quienes intentan secuestrar la opinión y sentimientos de la totalidad de las gentes que integran dicha comunidad. Las leyes de rango inferior nada pueden contra los dictados de la Constitución. Quien se oponga, pagará las consecuencias.

 Mirémonos en el espejo de la Santa María de Bogotá. También sometida a la arbitrariedad de un alcalde que, como la censora Colau, se creía en potestad de decidir unilateralmente la prohibición de los toros en su ciudad. La Corte Suprema de Colombia –como ahora nuestro Tribunal Constitucional– puso las cosas en su sitio declarándole incompetente para tomar esa decisión. Y el próximo año –después de cuatro temporadas cerrada–, se volverán a dar toros en dicha plaza, paliando así el atentado contra la libertad de los aficionados bogotanos.

Aquí, hay que ponerse en marcha ya. Hay que empezar a mover los hilos para que las corridas regresen a Barcelona con un cartel sonado y emblemático que devuelva todo su esplendor a la fiesta de toros en Cataluña y haga justicia con todos los que han luchado por ella y en homenaje de los que quedaron en el camino sin poder disfrutar de esta alegría nuestra.

Yo propongo desde aquí una corrida-monstruo con diez matadores para pasaportar una decena de toros. Diez para diez. En el elenco de espadas, considero que hay dos insustituibles: José Tomás, que amén del último gran ídolo de la afición catalana, posee un tirón taquillero incomparablemente mayor que el resto de la coletería, y Serafín Marín, como representante de la torería catalana. Francia y América, los otros dos grandes bastiones de la corrida a la española, también deberían estar representados: Francia, por Castella o Juan Bautista, y América, por el nuevo ídolo continental y máximo triunfador de la temporada americana: Andrés Roca Rey. Los seis puestos restantes tendrían que salir entre los toreros más significados del escalafón actual, como Ponce, El Juli, Manzanares, Talavante, Morante, López Simón y Perera, por poner un ejemplo. En cuanto a las reses, elíjanse una decena de toros bien presentados y en tipo de embestir de los más acreditados hierros.

Un cartel así dejaría pequeña esa gran plaza que es la Monumental y devolvería un esplendoroso renacer a la sufrida afición taurina barcelonesa. Por eso hay que ponerse ya manos a la obra, equipos jurídicos incluidos, y con el respaldo del toreo en pleno, sin partidismos ni posturas egoístas, para convertir el sueño de una ciudad y de una afición en la más bella de las realidades.

La hora del toreo ha llegado. No la dejemos pasar.

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