EL TOREO SE VA A LIMA

Con el cambio de horario, que acorta las horas de luz vespertinas, el toreo –como ave migratoria– hace las maletas y tira para América, donde a portagayola le espera en Lima la Feria del Señor de los Milagros, que ocupará Acho seis domingos consecutivos: desde el pasado 30 de octubre hasta el venidero 4 de diciembre.

Componen el programa, una novillada, que ya se habrá celebrado cuando este texto salga a la luz, y cinco corridas de toros, de ellas cuatro españolas, como el pasado año, de las que repite Zalduendo, y a la que acompañan Garcigrande, Juan Pedro Domecq y Núñez del Cuvillo, completadas con dos peruanas: la novillada de La Centinela y la corrida de Camponuevo.

En el elenco de 12 matadores que configuran el serial, destaca el ganador del Escapulario de Oro del pasado año, Andrés Roca Rey, único matador que hará doblete en el ciclo, abriendo y cerrando las corridas de feria: la primera, mano a mano con El Juli y reses de Garcigrande; la segunda, con las de Núñez del Cuvillo, que lidiará en compañía de Morante y Manzanares.

De los matadores del pasado año, además del ya mencionado, repiten siete –que a la postre serán seis, ya que Escribano sigue recuperándose de su brutal percance y ha declinado “cruzar el charco”–, que, además de Roca Rey y Morante, son Ponce, Talavante, Daniel Luque, Joselito Adame y López Simón, sin contar al nacional Joaquín Galdós, que también repite, pero que el pasado año figuró en calidad de novillero. A éstos, se incorporan en esta edición El Juli, el ya mencionado Manzanares, Juan Bautista, como sustituto de Manuel Escribano, y hace su debut el torero oliventino Ginés Marín.

La casi totalidad de las repeticiones son consecuencia lógica del triunfo de los espadas en la feria del 2015; pero extraña que no figure entre ellos Sebastián Castella, después de ser uno de los pocos matadores que le cortaron las dos orejas a un toro, así como que aparezca Luque tras su deficiente actuación con los astados de Álvaro Martínez Conradi, mientras que no lo hacen Paco Ureña, que le cortó la oreja a un miura, ni el peruano Juan Carlos Cubas, que obtuvo el único apéndice de la corrida de La Quinta.

Tampoco se explica muy bien que no figure Miguel Ángel Perera, después de estar anunciado el pasado año y no poder torear por tener que cancelar todos sus compromisos americanos a causa del cornadón de Salamanca. Lo suyo hubiera sido anunciarlo también en éste, pero… En fin, cosas de despachos.

En cualquier caso, la feria gravita en torno a la figura del limeño Roca Rey, que ha desatado una expectación desmesurada entre sus compatriotas, no sólo por el incontestable triunfo en el ciclo de 2015, sino por la extraordinaria campaña que después rubricaría en América y España hasta que el toro de Garcigrande se cruzara en su camino en Málaga y “rematara la faena” otro de Charro de Llen en Palencia dos semanas después. Desde entonces no ha vuelto a hacer el paseíllo, por lo que el del próximo domingo –con el picante añadido del mano a mano con una figura española consagrada– se vaticina como un verdadero acontecimiento que, a buen seguro, dejará pequeña la plaza de Acho y hará las delicias de la reventa.

Los clarines ya suenan en la Sevilla de América para que dé comienzo la feria del 250 aniversario de la plaza de Acho. Sólo me resta desear que la diosa Fortuna les dé la cara a todos, que los toros embistan con casta y boyantía y que el toreo salga una vez más reforzado de su confrontación con la realidad. Una temporada apasionante comienza al otro lado del Atlántico. ¡¡Suerte!!

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