HIPOCRESÍA DIOCESANA

Vivimos en un mundo de contradicciones e inconsecuencias y éstas nos golpean a diario desde los más variados ámbitos sociales. Ateniéndonos a las muestras más recientes, ahí tenemos a EE.UU., que se arroga la capitalidad de la libertad y la tolerancia, eligiendo presidente a un energúmeno xenófobo y racista como Donald Trump, o a un país como el nuestro con padres de alumnos fomentando una huelga contra los deberes que el profesorado manda a sus hijos para casa o la que los propios alumnos han realizado contra unas reválidas que lo único que pretenden es uniformizar la enseñanza poniendo de manifiesto la desigualdad de niveles de exigencia que hace años viene dándose en los distintos centros escolares y que sería deseable erradicar. También nos llega otra aún más escandalosa: una entidad benéfica que decide despreciar un donativo para sus feligreses más necesitados por no parecerle conveniente el origen de la dádiva.

Esto último ha ocurrido el pasado miércoles, cuando los (ir)responsables de Cáritas de Salamanca decidieron rechazar el donativo de la Asociación Juventud Taurina de dicha ciudad simplemente  por ser eso: una entidad taurina. Ante el escándalo que dicha postura suscitó en las redes sociales, salieron al paso diciendo que ellos no habían rechazado ningún donativo, sino que se habían negado a participar en una campaña de venta de bolígrafos promovida por las juventudes taurinas y de la que iban a llevarse para sus acogidos el 50% limpios de polvo y paja. Nota contradictoria asimismo con la que emitieron primeramente donde textualmente decían “rechazamos vuestra donación porque puede molestar la sensibilidad de nuestros donantes, pues el mundo de los toros a día de hoy es un colectivo muy criticado.”

Ahí queda reflejada su desvergüenza y falta de caridad. Estoy seguro de que no preguntan si el dinero que les llega en el resto de ocasiones procede de la droga, del robo, de la estafa, de la trata de blancas o de la corrupción, sin embargo, se ponen estrictos si el que va a engrosar sus arcas proviene del mundo del toreo, como ya ocurrió a principios de año con el que había de llegarles –y ahora hablo de donación a Cáritas de Valencia– del festival benéfico de Requena; dinero que hubo de ser debidamente desviado a las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, como éste de ahora lo hará hacia los enfermos de cáncer.

Como he dicho en otras ocasiones, prefiero un mundo de justicia a otro caritativo, porque la caridad lleva implícita la indigencia y la desigualdad social; no obstante, en la sociedad que vivimos siempre es de agradecer que haya espíritus misericordiosos que se ocupen y preocupen por aliviar de sus necesidades más básicas a aquellos desgraciados que lo necesiten. De ahí que me parezca un ultraje a dicha bonhomía mostrar esa “delicadeza” por las bestias hasta el punto de rechazar un donativo destinado a paliar las miserias de los más necesitados, que, por supuesto, no son ni la responsable de Cáritas Salamanca, Belén Santamaría, ni el resto de los que tienen el desahogo de negarse a aceptarlo.

Con tan detestable decisión, que convierte en fingida toda su cacareada bondad o virtud desenmascarándola como hipócrita, me siento asaltado por una serie de cuestiones que precisan de respuesta: ¿qué clase de egoísmo dispone y manda en lo que debería ser casa de beneficencia?, ¿con qué soberbia se les priva a los menesterosos de donaciones que habrían de repercutir en su bienestar?, ¿compasión al toro antes que al prójimo necesitado?… ¿No será que Cáritas está “trincando” de los grupos de presión antitaurinos o de las grandes corporaciones de Holanda, Suiza, EE.UU. y Gran Bretaña que financian los ataques al toreo? ¿Habrá caído Cáritas en el chantaje antitaurino vendiéndose al mejor postor? Si es así hasta en esto yerra, pues, por mucho que le donen los taurófobos, jamás podrán competir con todo lo que el toreo, a lo largo de su historia, ha aportado a la beneficencia pública, Cáritas incluida.

Aunque me asquea ese hipócrita anteponer el amor animalista al hipotético amor cristiano que, se supone, debería iluminar a los diocesanos de Cáritas, lo único que me preocupa, lo que me da mala espina de su decidida oposición al toreo es que, durante toda su historia, la Iglesia siempre sobrevivió apostando a caballo ganador, cambiando sus principios según lo exigieran los vientos del momento y aunque ello le obligara a posicionarse a favor de los nazis o el franquismo. Así que deben de ver muy negro el futuro de la Fiesta para haber adoptado esta postura. O simplemente son gilipollas, que también pudiera suceder.

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