TIEMPO DE ANGUSTIAS Y ESPERANZAS

El pasado domingo, la fiesta de los toros disfrutó de una bocanada de esperanza, respiró libertad, refulgió de justicia y escribió con “V” de victoria la conclusión del camino que había labrado antes con “B” de batalladora. La “B” de Bogotá, con la Santa María abierta al toreo y a los aficionados, con el toro hollando de nuevo por su ruedo, divisa al viento, bravura al viento, campana al viento, repicando en las conciencias su indomable sentido transcriptor de una forma de ser y de vivir que ni se rinde ni se deja vencer con piedras y amenazas.

De nuevo, la estela bicolor de los capotes, el rojo sangre planchado en las muletas, los alamares de la gloria y el miedo dictando su lección de dignidad. De nuevo las monteras en brindis, el fru-frú tricolor de los rehiletes, la casta romaneando contra el peto, el metálico azogue del acero apuntando al morrillo. De nuevo, la corrida, y el toreo, y la Fiesta, golpeando en la luz rebosante de una tarde de júbilo, que era una epifanía ya antes del paseíllo con el “No hay billetes” colocado en taquillas.

Volvieron los toros a Bogotá, a pesar de la fanática bestia antitaurina y de su matonismo de taberna. El mundo de los toros está de júbilo. Como lo está Roca Rey después de inaugurar las salidas a hombros de esta nueva etapa; después de brindar a “Esperanza” –el toro del triunfo– a los novilleros que con su huelga de hambre habían hecho posible esta efeméride.

En cambio y por contraste, un silencio pastoso con regustos amargos y agoreros nos llena, a este lado del Atlántico, nuestra copa de angustia: la angustia de ver correr el tiempo y sentir cómo su corriente se lleva la esperanza de tanto aficionado. La borra del café no augura nada bueno para el futuro de la Monumental de Barcelona.

Bofetada sin manos al toreo ha sido el otro día la entrega de un premio de la Academia de Cine catalana a Balañá. Allí estaba Ada Colau y toda la plana mayor del antitaurinismo cultural catalán. Allí estaban los hijos del homenajeado recogiendo en su nombre el galardón y codeándose con los mismos que le han cerrado inconstitucionalmente la plaza donde su abuelo se convirtió en el empresario taurino más grande de España. Todos de enhorabuena, porque don Pedro Balañá Espinós hace ya mucho que nos abandonó. Me hubiese gustado ver a todos estos censores ante su persona, ante la lucidez de esa mirada inquieta que levantó de la nada un emporio; ante un hombre que se adelantó a su época en materia de marketing taurino y no taurino; un aficionado que no habría consentido nunca el desafuero que se ha llevado a cabo en Barcelona; un empresario que ya estaría marcando la jugada de la nueva temporada en su plaza.

Lo que se ganó en el Constitucional no merece este tiempo de angustia. Barcelona debe plantar su “B” batalladora –y a su estela todo el orbe taurino– en pos de esa “V” de victoria que el pasado domingo inscribió en su plaza el toreo bogotano. Seamos humildes y valientes y mirémonos en el espejo victorioso de la Santa María de Bogotá. Balañá será dueño del inmueble, pero la Monumental, además de eso, es un símbolo que a todos pertenece.

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