RADICALMENTE FALSO

Que el mundo está cada día más desquiciado, no me cabe la menor duda. Y no lo digo porque haya dementes que quieran imponer sus “verdades” a cualquier precio, cosa tan vieja como las propias sectas y el fanatismo, sino porque se llegue al punto de que una entidad judicial encargada de velar por la integridad y la supremacía de la Constitución, como es la Corte Constitucional colombiana, decida argumentar una resolución alegando que viola un documento sin ningún respaldo jurídico.

Eso es lo que ha ocurrido el pasado miércoles al fallar cinco de los nueve magistrados que la componen en contra de la fiesta de los toros –dan dos años de plazo al Congreso para legislar un tipo de corrida incruenta o, de lo contrario, suprimir de un plumazo el toreo en toda Colombia– bajo el argumento de que “el toreo viola la Declaración Universal de los Derechos de los Animales, y por ende es maltrato”.

Cabría preguntarse qué legitimidad tiene dicha “Declaración Universal” para sentar jurisprudencia. Si uno consulta en Internet –copado en dicha materia por páginas animalistas– se topa con una cantinela repetida hasta la saciedad: “Declaración adoptada por la Liga Internacional de los Derechos del Animal y las Ligas Nacionales afiliadas en la Tercera reunión de los derechos del animal, celebrada en Londres del 21 al 23 de septiembre de 1977. Proclamada el 15 de octubre de 1978 por la Liga Internacional, las Ligas Nacionales y las personas físicas que se asocian a ella”, para proseguir: “aprobada por la UNESCO y posteriormente por la ONU.” Aquí cabe resaltar que no aparece fecha alguna para las pretendidas aprobaciones.  Y no aparecen dichas fechas por una razón muy sencilla: la tan cacareada Declaración Universal de los Derechos de los Animales JAMÁS FUE APROBADA POR LA UNESCO NI POR LA ONU. Ni siquiera fue votada, ya que la vez que se leyó ante la Asamblea Permanente de la ONU, se permitió su lectura bajo la condición explícita de que no pasaría a ser sometida a votación. Por lo tanto, nunca fue votada y, en consecuencia, menos aún aprobada por dichos organismos. Aquel que no me crea o albergue alguna duda no tiene más que consultar las páginas oficiales de la ONU y la UNESCO y comprobar cómo entre sus numerosas Declaraciones no existe ninguna referente al Derecho de los Animales.

Que el animalismo tenga la desfachatez de seguir manteniendo esta patraña como un hecho cierto no viene sino a demostrar su carácter maquiavélico en cuanto a que, para su ideología, “el fin justifica  los medios”. La mentira, la coacción, el soborno, el vandalismo y hasta los actos terroristas son prácticas habituales entre los fanáticos que integran esta nueva religión de suplencia. Todo vale con tal de conseguir sus propósitos. Y a fe que les da buen resultado como pone de manifiesto la decisión de la Corte Constitucional colombiana, cuyos integrantes, antes de haberla utilizado como argumento, ya deberían haberse preocupado de comprobar la legitimidad jurídica de la citada Declaración de Derechos del Animal, porque, si como es el caso, sólo está avalada por las susodichas “Ligas animalistas”, tiene el mismo peso jurídico que si una “liga” de entomólogos decidiera contemplar como delito pisar las cucarachas. Exigencia que podría ser aceptada por sus socios, pero que como imperativo no tendría ningún valor jurídico o legal en cualquier caso.

No sólo es la perversión del concepto “Derecho” –creado exclusivamente para regular las relaciones entre seres humanos, los únicos que son jurídicamente responsables, ya que el resto de animales no pueden soportar ningún deber legal ni someterse a responsabilidades sociales ni ser considerados legalmente responsables de sus actos– al aplicarlo a los animales lo que chirría en la resolución de la Corte Constitucional colombiana, sino que se hayan dejado “colar un gol” con la jurídicamente inexistente Declaración Universal de los Derechos del Animal. Espero que los lectores de este artículo lo echen a “volar” por las redes sociales a ver si les llega y de una vez por todas se enteran del enorme ridículo que han hecho. Y también a los nuestros, para que hagan valer la verdad y no se dejen contaminar por la mentira animalista.

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