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El “qué”  y  el “cómo” del toreo

Una cosa es qué se hace al toro y otra muy distinta es cómo se le hace. El qué es sustantivo; el cómo, adjetivo. En principio, lo sustancial parece superior a lo modal. Por ejemplo, cuando Paco Ojeda se introducía en los terrenos del toro, se convertía en mástil del toreo y hacía orbitar al toro en torno a su figura en un sentido y en otro, ligando las embestidas por los dos pitones, rompía las leyes de la física taurómaca y creaba el toreo sustantivo por antonomasia. Y por ejemplo, cuando José María Manzanares, imantaba la embestida a su muleta, y la adormecía convirtiendo su violencia a una embriagada calma, afirmaba las leyes de la física taurómaca y creaba el toreo adjetivo por antonomasia. ¿Por qué parecía, entonces, superior el cómo al qué?

El toreo es un arte milagroso. Hace posible lo imposible. Pero también es un arte repetitivo. Y cuando un milagro se ha hecho posible, deja de serlo. Entonces surge una cualidad que se sitúa por encima del milagro: el trazo. O sea, el cincel, la pincelada, la definición ejecutada con perfección, o genialidad, o inspiración, pero siempre con ese dibujo magistral que, por su deslumbrante belleza, sitúa la suerte repetida por encima del milagro, con una emoción superior a la que provocó la primera vez.

Por eso, el toreo, el buen toreo, nunca se repite, siempre se restaura… y se renueva.

Viene a cuanto esta reflexión porque en las pasadas Fallas de Valencia, los jóvenes espadas han realizado un toreo muy sustantivo –o sea, han hecho cosas increíbles a los toros-, no diría que milagroso, pues se sitúa en la senda ya marcada por Talavante, pero sí muy sorprendente y que ha conmocionado al público valenciano. Me refiero a dos triunfadores, Roca-Rey y López-Simón, autores de una fusión entre torero y toro fracamente inaudita, que legitima su respectivo éxito. Y sin embargo, las jerarquías entre los toreros no se han trastocado en esta Feria de Fallas que siempre mide el talante que los toreros traen al nuevo año taurino. Porque los ya consagrados se han expresado con un trazo muy superior al de los jóvenes –Perera, Talavante-, otro, también consagrado, con un toreo trazo y milagro, dueño del qué y el cómo –El Juli-, mientras que otros dos veteranos -Curro Díaz y Paco Ureña- han hecho, por la belleza de su trazo, el mejor toreo de la Feria. ¿No inquietarán, por el momento, los jóvenes cachorros a los maestros? Sí, cuando Roca-Rey se empeñe más en torear que en arrollar. Y también cuando a Ginés Marín, otro triunfador de Fallas, le salga un toro bravo en una plaza importante. Este joven espada también tiene el secreto del qué y el cómo del toreo

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