LOS CARTELES DE MADRID: UNA REVOLUCIÓN APLAZADA

Simón Casas prometió algo así como una revolución taurina. No la ha hecho. Pero seamos generosos: quizá la haya aplazado. A mi modo de ver, la causa es el dinero. Casas quería Las Ventas a toda costa y para lograrlo hizo una oferta demasiado alta. Por supuesto, le dieron la plaza. Luego llegó la hora de hacer cuentas, de evaluar los descuentos –imprudentes- en los abonos de mayo y otoño, de asumir los compromisos económicos adquiridos y los paradigmas prometidos. O sea, llegó la hora de la verdad.

Y resultó que los carteles de San Isidro bajan con respecto a los del año pasado. Por una simple razón: 32 festejos seguidos exigen una mayor participación de las figuras. No basta que comparezcan una o dos veces, es preciso que lo hagan por lo menos tres, como en el anterior San Isidro, o cuatro, como se esperaba. ¿A qué viene tanto comedimiento? Está muy claro: al dinero.

Por lo demás, la Feria presenta una gran oferta ganadera más una buena sensibilidad combinatoria de toreros veteranos y jóvenes, a lo que añade, a mediados de junio, tres atractivos festejos de posferia. ¿Serán motivos suficientes para que Casas, como se proponía, logre aumentar en cien mil el número de espectadores a la plaza?

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