ÉRAMOS POCOS Y…

…Parió la abuela. El mundo del toreo parece que no se entera. Continuamente cae en el pecado de la incoherencia dando la sensación de que o no se percatan o no quieren enterarse quienes manejan los hilos del negocio.

Hace años que el toreo viene adoleciendo de un exceso de veteranía. Los toreros duran actualmente más que un notario y escasos son los diestros que, en la cabeza del escalafón, no han cumplido ya los quince años de alternativa.

Como, pese a sus méritos, están gastados de tanto repetirse, algunos de ellos y ciertos empresarios vieron la necesidad de savia nueva, de abrir más los carteles para que cupieran en ellos los que vendrían a denominarse “toreros emergentes”. Alguno, como Roca Rey, aprovechó la circunstancia para abrirse hueco, pero la realidad fue que aquello quedó más en buenos propósitos que en realidades efectivas. Ahí están toreros como Álvaro Lorenzo, Martín Escudero, Tomás Campos, David de Miranda e incluso Ginés Marín, por nombrar tan sólo a unos pocos, a los que cuesta dios y ayuda ponerlos en los carteles.

Es indudable que el saneamiento del escalafón pasa por desatascar el tapón de veteranía que copa corridas y ferias. Sin embargo, en vez de ir aligerando de “históricos” las combinaciones, resulta que, ahora, se da paso a un diestro tiempo ha retirado, que a sus sesenta años vuelve para vestirse de luces. En principio, Pepe Luis Vázquez –que es el torero de quien hablo– venía por un día, para ceñirse el vestido de torear en Illescas junto a Morante y Manzanares. En esa corrida, dejó unas pinceladas de su naturalidad y salvó el expediente con benevolencia, pues le tocó un toro para arrastrarlo sin orejas. No obstante, los cantos de sirena que se han posado en sus oídos han animado al hombre a repetir experiencia y, al parecer, ya está contratado de firme para la feria de Granada, el abono de El Puerto de Santa María y anda en negociaciones con la empresa de Antequera.

A mí me parece muy bien que Pepe Luis mate el gusanillo en un festival, como el que va a torear en Bilbao, o en un tentadero benéfico, como el que no hace mucho protagonizó en El Vizir; pero el traje de luces es otra cosa. Ni tiene edad ni facultades ni creo que capacidad para afrontar el reto de matar dignamente dos toros en plazas de la categoría de Granada y El Puerto, a no ser que sus benefactores quieran llevarlo con una “gatada” impresentable.

Y aunque yo estuviera equivocado, me parece un lujo que la Fiesta no puede permitirse quitar esos puestos tan necesarios para el futuro, dedicándolos a un pasado que sólo puede aspirar a la añoranza y a una desfasada nostalgia. Y para eso, como he dicho antes, están los festivales. Hay demasiados toreros con posibilidades buscando una oportunidad, aunque sea para fracasar, como para “distraernos” con toreros pasados de caducidad que bien poco van a aportar al toreo. Y que nadie piense que tengo algo en contra de Pepe Luis, al revés: lo he admirado como torero y es una persona que por su sencillez y sensatez siempre me ha caído bien. Si escribo estas líneas, es para criticar a los que, teniendo que velar por el futuro inmediato de la fiesta brava, no hacen sino agravar sus problemas con su imprudencia y su bohemia de pacotilla.

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