ANTONIO FERRERA, EN LA CUMBRE DEL TOREO

San Isidro, 9ª corrida. Si lo que Antonio Ferrera hizo en el ruedo de Las Ventas lo hubiera hecho Antonio Bienvenida, la afición todavía estaría en trance. Ahí es nada torear con hondura a media altura a un toro que embiste con la cara por las nubes, darle distancia para que la inercia de su primera embestida se prolongue en tres pases más, rematar estos hacia muy adentro para coregir su falta de celo, torear lentísimo a un toro que pasa pero no embiste, hacer cómplice de un toreo inspirado, fluído, a un toro indiferente, y matarlo de una estocada sin puntilla. Le pidieron con fuerza las dos orejas, pero el presidente concedió una, no sé si por tonto o por miedo a que los talibanes se enfaden.

Juan José Padilla dio cinco largas cambiadas a su segundo toro. Cumplió ante dos enemigos sosos y sin raza. Y Manuel Escribano recibió al sexto de la tarde a porta gayola. Luego, con la muleta, le dio algunos muletazos buenos y largos.

Los tres espadas banderillearon a los seis toros, a los tres primeros en terna. Lo hicieron con lucimiento.

La corrida de Las Ramblas estuvo bien presentada, algunos toros tenían magnificas hechuras, pero todos mansearon en varas y no tuvieron raza suficiente para seguir embistiendo en el último tercio. El tendido 7 los protestó, porque protesta a todo lo que sale por el toril.

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