CASTELLA Y JANDILLA, TRIUNFADORES

San Isidro, 13ª corrida. Sensacional, paradigmática corrida de Jandilla. Por trapío, hechuras, defensas y bravura. Prontos al caballo, todos romanearon, se crecieron en banderillas y embistieron con fijeza y recorrido, o con una agresividad ofensiva (bravura) que terminaba por templarse en la muleta. El lote no tuvo suerte, porque Rivera Ordóñez, medroso, tapó la calidad de sus dos toros, y López-Simón los aburrió a trapazos. Incluso se devolvió el 5º cuando ya estaba en banderillas, sin que nadie supiera por qué… o tal vez sí. Los malpensados, como yo, intuyeron que así se privaba al ganadero de optar al premio de la feria a la corrida más completa. Puerca política. Lo sustituyó un torazo de Salvador Domecq con mucho genio. Pero con el 2º, de nombre “Hebreo”, no podrán. Es, a buen seguro, el toro de la feria… y de muchas ferias. Fue premiado con la vuelta al ruedo. ¿Para cuándo el indulto?

Éste sí tuvo suerte: le correspondió a Sebastián Castella. Le hizo un faenón, por redondos y naturales interpretados con una quietud, un mando y un temple que se impusieron a la colosal bravura. La plaza hirvió como nunca. Mereció la dos orejas pero le concedieron una. ¿Será porque lo mató de media estocada, ejecutada con verdad y pureza, que valoró la afición pero no el Palco? La falta de conocimiento de los presidentes madrileños alcanza este año cotas inusitadas de estupidez.

Si importante fue esta faena de Castella, por su gran toreo, no quedó a la zaga la que impuso al fiero toro de Salvador Domecq. Fue la otra versión de un gran torero. Arrojo, poderío, torería de la buena frente a un toro que olía a cloroformo. Con la espada perdió el trofeo. Incomprensiblemente, no quiso dar la vuelta al ruedo.

Triunfó el torero, triunfó el toro, triunfó la Fiesta.

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