EL PÚBLICO: LA MITAD FRIO, LA MITAD OBTUSO

El Fandi tuvo una buena actuación, pero la mitad del público no lo quiso ver: son “buenos aficionados”; la otra mitad, sí: no son descerebrados. El Fandi veroniqueó con temple, lidió magistralmente, banderilleó con poderío e imaginación, y a su segundo le hizo una faena variada y emocionantísima, la inició ligando derechazos de rodillas, templó por redondos, tragó en naturales y terminó su trasteo con manoletinas de rodillas y un estoconazo.

Obviamente, el presidente no le concedió la oreja porque la mitad de la plaza no la pedía. Cumplió la ley de los idiotas.

¿Quiénes son los idiotas? Les doy un ejemplo: Juan Manuel González, que es un veterano picador al que repetan absolutamente todos los toreros de a pie y a caballo, el tendido 7 lo despidió chillándole ¡qué malo eres!, después de haber picado con autoridad a un toro revoltoso bajo el peto.

José Garrido hizo una gran faena a su primero, un toro pegajoso y encastado, se jugó la vida en todos los pases que impuso al encabritado animal, al que mató mal, por lo que perdió la oreja. Insinuó unas maneras barrocas y pellizcadas con el capote y la muleta, me pareció un torero valiente y de escuela muy sevillana: sabe torear con los codos. De esto, la gente no se dio ni cuenta.

Miguel Ángel Perera estuvo por encima de un lote infame.

La corrida de Fente Ymbro, desigual de hechuras, cornalona salvo el quinto, muy alto y de encornadura correcta y astifina. Se salvó del genio mansurrón el cuarto, un gran toro de elegante bravura.

Lo dicho, en Madrid hay dos públicos, uno va a los toros a divertirse protestando; el otro, frio y modoso, a ver torear si los talibanes se lo permiten.

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