EL TORO DE LOS VETERINARIOS

San Isidro, 7ª corrida. Los veterinarios de Madrid aprueban los toros por volumen y cuernos, sobre todo por cuernos. No por hechuras (morfología), lo que impide al ganadero reseñar por familia (genética); por eso embisten pocos y mal. Tan aberrante conducta, impuesta por el tarugo torismo de Madrid, se extrema cuando reseñan ganaderías de prestigio, como la de Parladé. O sea, que el ganadero envió 12 toros y el día antes de la corrida solo habían aprobado dos. Luego rescataron otros tres… para evitar la devolución de entradas. Y en la plaza, el público rechazó otro por inválido y porque era de Parladé. (Parece ser que en los corrales había toros de más trapío que los aprobados).

Conclusión: se lidiaron cuatro de esta divisa, dos inservibles, sin duda reparados de la vista, dos buenos, que correspondieron a David Mora, y dos regalos envenenados de El Montecillo, uno también burriciego y el otro fue el toro más peligroso –manso con genio- que se ha lidiado en plaza alguna: no veía capotes ni muleta, solo toreros. En varas saltaba al pecho del picador. Y le correspondió a Iván Fandiño.

Con semejantes mimbres, Curro Díaz e Iván Fandiño cumplieron y a David Mora se le fue el único lote bueno. Le dieron una oreja pedida por casi nadie y protestada por casi todos. Misterios del Palco.

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