EL TORO DISUASORIO

San Isidro, 5ª corrida. Aquel toro cornalón que mató Guerrita hace más de un siglo, cuya foto nos estremecía, ahora sale en Las Ventas todas las tardes. La excepción se ha convertido en regla. Además, el actual toro de Madrid es de un tremendo volumen, cuatreño o cinqueño, es lo mismo, y bajo de raza, por lo que se le pica poco.

En definitiva, se trata de un toro disuasorio, que anula el ánimo de los toreros, excepto a tres o cuatro, y les congela las ideas y la imaginación. ¿Alguna dificultad añadida? Sí, que toma con nobleza el engaño, lo que resta emoción al cite y luego embiste con diferentes inconvenientes, según la casta que lo empuje, mientras los toreros se lo pasan muy lejos porque sus cuernos no caben en la muleta. El problema estriba en que San Isidro ofrece treinta corridas y reune a cerca de sesenta toreros, la mayoría mediocres.

La corrida de Lagunajanda, de serio trapío y pitones tremendos, fue, en líneas generales, brava y encastada. Y los toreros, Juan del Álamo, Fortes y Román, estuvieron valientes y espesos. A Fortes, valentísimo con su primero, el presidente le robó una oreja fuertemente reclamada. Los tres espadas, voluntariosos y grises, terminaron por aburrir a la ovejas.

Conclusión: el toro bravo es un bovino de tamaño medio, y hasta que no vuelva a su morfología natural, no habrá remedio.

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