ESQUIZOFRENIA TOTAL

San Isidro, 4ª corrida. En la plaza de Madrid hay dos públicos. Uno boicotea toros y toreros, otro va a ver torear. El primero se compone de aficionados integristas que no tienen ni idea, el segundo es como el público de todas las plazas, formado por aficionados y espectadores. Al primero le gusta que todos los toreros se crucen al citar a cualquier clase de toro, lo que no siempre es aconsejable.

Para ellos, todos los toreros están “fuera” del camino del toro, ventajismo taurómacamente imperativo después del primer cite, cuando el torero quiere ligar el toreo en redondo. Si estuvieran dentro estarían cogidos. Media plaza vio la corrida bajo el prisma de esa tauromaquia integrista para imbéciles. La otra media se jodió.

De modo que aclaremos las cosas. La corrida de Montalvo, protestada por los integristas, estuvo bien presentada: tres toros muy aptos, 3º, 4º  y 6º; dos que en otra plaza hubieran dado juego, 1º y 2º; y uno malo sin paliativos, el 5º.

Con estos mimbres, Curro Díaz dio una buena tarde, toreó con temple y elegancia a la verónica y a su segundo toro le enjaretó varias series de naturales exquisitos. Pero mató mal. Paco Ureña afrontó con verdad la agresividad de su primero y sufrió una tremanda voltereta contra las tablas al recibir a su segundo. Tuvo mérito que siguiera en el ruedo. Y Alberto López Simón estuvo mal, torpe y vulgar con dos buenos toros. Los tres sufrieron el desprecio integrista en la plaza más antipática del mundo.

Comments are closed