GRAN CORRIDA DE NÚÑEZ DEL CUVILLO

San Isidro, 11ª corrida. Cinco eran bravos, pues si alguno se repuchó en varas, inmediatamente regresó y apretó de verdad y todos se crecieron en banderillas y embistieron con fijeza a la muleta. Es verdad que el 3º solo fue bravucón: se defendió pronto en el último tercio. Además, todos estuvieron bien presentados, excepto para el absurdo tendido 7. Los singulares aficionados de dicho tendido se pusieron en evidencia cuando protestaron al 4º, que mermó sus facultades al estrellarse dos veces contra los burladeros. Entonces exigieron su devolución, o sea les importaba más su merma física que la bravura y clase que exhibía. Por el momento, la de Núñez del Cuvillo es la corrida más brava y completa de la feria.

Juan Bautista estuvo en maestro, por colocación y firmeza, y por el trazo elegante con que ejecuta todas la suertes. Con el capote dibujó un difícil quite por gallosinas, que no se veía en Las Ventas desde el año 1996, cuando lo ejecutó Joselito la tarde del 2 de mayo; hizo otro quite que yo nunca había visto y no se cómo se llama, ni cómo explicarlo, es como una verónica con cambio de manos, a la tijera. Con la muleta midió con temple a su primero, y su maestría muletera asentó la fuerza y logró imponer un largo recorrido a su segundo. Y mató bien al volapié y en la suerte de recibir. Parte del público lo vio con frialdad, por falta de paladar, y el 7 por lo mismo y porque quería que torease a sus toros sin darles aire, para que que no se afirmaran. Graciosos que son.

Alejandro Talavante dio una gran tarde. A su primero debió cortarle la oreja, pero nadie la pidió porque mató de un buen pinchazo y una gran estocada. Esto no pasaba en Madrid cuando había otra afición. A su segundo, de bravura fiera y encastada, le hizo una gran faena, con mucha verdad y firmeza, no se arredró cuando fue cogido de manera impresionante y lo mató de un estoconazo. El presidente le dio, in extremis, una oreja. La faena era de dos.

Roca Rey tuvo mala suerte. Su primer toro dejó de embestir en cuanto le obligó y su segundo se inutilizó tras descoyuntarse los cuartos traseros al volverse con fiereza de un pase cambiado por alto. Quedó inédito, salvo en un quite, emocionante, por saltillera, caleserina y gaoneras.

Conclusión: en Madrid, el problema no es el toro, es la fria gente, el torismo incompetente o el Palco prepotente. ¿Qué han de hacer los toreros? Como decía el pragmático Sánchez-Mejías, “en Madrid, poquitas y a triunfar”.

Comments are closed