JOSELITO ADAME, UN HÉROE MEXICANO

San Isidro, 14ª corrida. Fue una hazaña mexicana recurrente. Retomó el reto entre El Soldado y Lorenzo Garza en Madrid, el año 1935, cuando uno entró a matar con un pañuelo por muleta y el otro le respondió matando sólo con la espada. Lo de Adame tuvo más importancia porque el oponente era un toro muy armado, no un novillo. Además, resultó cogido en el momento en que hundió el estoque hasta la empuñadura y poco después, el toro cayó fulminado sobre el torero caído en la arena. Antes lo había toreado muy bien, sobre todo con la mano izquierda, pero primero lo había enseñado, con elegante maestría, a embestir por ambos pitones. Impresionante. Cortó una oreja de mucho peso.

En este último toro empezó y finalizó la corrida presentada por El Torero. El resto, igualmente feo de hechuras, con más kilos que trapío y encornaduras descaradas, abiertas, enormes, impresentables en una corrida de feria, no dio la menor opción a los toreros. Al toricantano Francisco José Espada, que también resultó cogido al entrar a matar a su primero y que no pudo seguir en el ruedo, se le vio competente y valeroso ante un ejemplar deslucido. El lote de Ginés Marín, recibido con una gran ovación, no tuvo un pase, el primero por inválido y el segundo por reparado de la vista. Una pena.

¿Por qué el ganadero reseñó una corrida tan fea, por qué los veedores de la empresa la reseñaron, por qué los veterinarios la aprobaron? ¿Desde cuándo embisten toros tan paliabiertos, destartalados y feos en una ganadería tan brava y de tan buenas hechuras como la de El Torero? Profesionalidad, olvidado tesoro.

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