LO QUE NO PUEDE SER, NO PUEDE SER, Y ADEMÁS ES IMPOSIBLE

(San Isidro, 3ª corrida) Hace tiempo, cuando los aficionados eran buenos, las corridas de feria eran de armoniosas hechuras y pitones. Y embestían más. Ahora, que los aficionados no son tan buenos, piensan que los toros bien presentados deben ser muy grandes y con muchos cuernos. Y embisten muy poco. O mal.

Porque los de El Pilar, casi todos bien hechos pero destartalados de pitones (lo que antes eran una limpieza de cercados), se movían mucho porque tenían vigor y los picaron poco, pero embistieron mal porque eran mansos, se defendían o huían. El menos malo fue el quinto, que tampoco se prestó al buen toreo.

Los toreros cumplieron, aunque David Mora oyó los tres avisos en el quinto, al que no pudo ni torear ni matar. Una mala tarde. Diego Urdiales, que abrió el cartel, toreó bien de capa y con la muleta dio muy buenos pases con la derecha a su primero y menos buenos con la izquierda, por donde el toro no iba. Su segundo fue un mulo. Hizo un quite excelso, por verónicas, al sexto. José Garrido ejecutó arrebatadas verónicas, de pie y genuflexo, dio chicuelinas muy bellas y toreó muy bien por delantales. Con la muleta sus toros no tuvieron un pase.

Consejo a Simón Casas: la revolución taurina, que preconiza, empieza por el toro. Al respecto, se muestra conservador, servil ante los reaccionarios.

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