LOS NOVILLOS ERAN TOROS Y LOS TOREROS, NOVILLEROS

San Isidro, 1ª novillada. Un novillo se convierte en toro cuando cumple cuatro años: es una evidencia cronológica. Pero la sanidad animal y la nutrición actuales consiguen que el novillo tenga trapío de toro: podríamos aseverar que es una evidencia biológica. Los presentados por Paco Medina en Madrid tenían volumen de toro y cuernos de novillo, pues en Madrid éste sólo se distingue de aquel en que no es cornalón. Sin embargo, en cualquier plaza de segunda, y en algunas de primera, el lote de El Montecillo sería una corrida de toros. Dicho sea esto en descargo de los novilleros.

Además, los novillos/toros, mansos en varas, eran muy encastados, se movían mucho, tenían poca fijeza en los engaños, apretaban hacia el torero en todos los tercios y, por tanto, exigían valor y técnica, cualidad esta última dificil de exigir a los novilleros actuales, pues se dan pocas novilladas y torean poco. El colombiano José Enrique Colombo mostró fibra, variedad y solvencia, pero no consiguió que le concedieran una oreja solicitada por mayoría. Pablo Aguado mostró su reconocida clase, aunque le faltó técnica para lograr el acople necesario con sus ásperos enemigos. Y a Rafael Serna lo ví con poco valor, a la deriva ante su peligrosísimo segundo enemigo.

El público se portó bien. Los puristas, como siempre, preferían exigir la ventaja del cruce al aguante de esperar al toro en el sitio de torear. Obviamente, los toreros obedecían.

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