URDIALES Y UREÑA, TOREO PARA AFICIONADOS

Primero, el público. En Las Ventas había poco, los largos fines de semana vacían laciudad. También había pocos aficionados, solo los del 7, que miden el toreo con uncompás y únicamente aceptan el toro grande, muy grande, ande o no ande.

Segundo, el toro. De tres ganaderías. El 1º, hermoso de hechuras, el 2º, fino de lámina, de Salvador Domecq. El 3º y el 4º, lavados de carnes, feos de tipo, de José Vázquez. 5º, sin trapío aceptable, y 6º, hondo y bien hecho, de Victoriano del Rio. Todos, muy armados, de malas embestidas, casi siempre defensivas, con mucho genio y poca casta.

Los dos mansos de Vázquez se movieron en la muleta, pasaron pero no embistieron. Al 2º lo protestaron porque embestía bien y tenía poca fuerza, al final de la faena de muleta se rompió la mano derecha y llegó el escándalo. ¡Qué difícil es ver bien los toros en Madrid!

Tercero, los toreros. Diego Urdiales estuvo en maestro toda la tarde, muy por encima de su mal lote, siempre la colocación exacta, el trazo bello, el aguante meritorio, el mando determinante. Pudo cortar una oreja a su primero de no haber marrado con el descabello.

Se le apludió en sus dos primeros toros y se le silenció en su tercero, que no tenía unpase. Paco Ureña demostró que la entrega del torero embravece al toro, que el toreo puro y por abajo disuade al genio y mejora la embestida, que se puede lidiar toreando y templar embestidas crispadas cuando el torero asume como bueno al toro que no lo es.

Así, toda su valerosa y torerísima lidia al 6º, que fue premiada con una merecida oreja y habría conseguido las dos si su estocada no hubiera sido defectuosa. Como aficionado disfruté toda la tarde.

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