CUADRI, EL TORO REGRESIVO

San Isidro, 19ª corrida. Con la agresividad innata del toro, que acometía y derrotaba, el ganadero consiguió, tras una larga evolución genética, una agresividad más extensiva que se transformaba en embestida. A esta nueva prestación se la llamó bravura. De ese toro evolutivo, cuya culminación sucedió mediado el siglo XX, el bovino bravo adquirió una morfología más armónica, era bajo de agujas, pegado al suelo para ofrecer embestidas más firmes y acompasadas; desarrolló un cuyo más largo, para humillar y embestir por abajo, lo que delata mayor entrega a la embestida; tenía una viga más recta para no romper el ritmo de sus viajes, un pecho más hondo para oxigenar mejor su sangre durante el combate y una culata más fornida para sostener su empuje hasta el final. Estas características físicas se correpondían con su nueva condición de bravo: una mayor prontitud a los cites y más fijeza, más desinhibición (valentía: bravura), al perseguir el engaño que lo reta. De ahí, la asombrosa evolución del toreo.

Pues bien, la ganadería de Cuadri ha experimentado, a estas alturas, un proceso sorprendente, regresivo, el retorno al toro pre-bravo. Por hechuras: altos, ensillados, badanudos; y por comportamiento: falsa codicia de salida, nula entrega en varas, derrotes defensivos en los engaños. Quienes confunden el genio defensivo con la casta ofensiva, defienden estos toros; los buenos aficionados, no. Con ellos Fernando Robleño, Javier Castaño y José Carlos Venegas lucharon como jabatos. Pero nunca pudieron hacer el toreo. ¿Le interesó a alguien este anacrónico espectáculo? De la tarde, destaco el tercio de varas protagonizado por Pedro Iturralde, extraordinario picador, y unos pares de banderillas gallardos y arriesgados de Fernando Sánchez. El pasado se hizo presente y solo gustó un tercio de varas y el toreo sobre los pies. Purito siglo XIX.

Comments are closed