DOS TOROS DE VICTORINO, DOS GRANDES FAENAS

San Isidro, 21ª corrida. No hay que culpar a Victorino Martín por el lote desigual que salió al ruedo. Los veterinarios le obligaron a presentar 12 animales para aprobar 6. El cuarto fue el único que se salvó de la corrida original enviada por el ganadero. El toro antaño indultado en Las Ventas, por Ortega Cano, hoy no habría pasado el reconocimiento. ¿Evolución, involución? Tampoco habríamos paladeado las embestidas del segundo, muy protestado por los toristas, si el presidente lo hubiera devuelto. Pesaba unos despreciables 517 kilos, era degollado y algo cariavacado, o sea puro saltillo. Imperdonable. Con él hizo Alejandro Talavante una gran faena. Apostó en el primer lance y en el segundo le adivinó su enclasada embestida. Fueron unas magníficas verónicas. Cumplió el despreciado animal en varas, fue noble en banderillas y con la muleta hizo honor a su nombre, “murmullo”. Sus embestidas suaves, largas, acompasadas, fueron como un murmullo de bravura. Desde luego, el toro las llevaba dentro, pero salieron a la luz porque Talavante les impuso una quietud firme, un temple líquido, una majestuosa torería en varias tandas de naturales de irreal cadencia, rematadas con pases de pecho de inverosimil y bellísima lentitud. Entre tanda y tanda, el diestro se paseaba con elegante serenidad mientras el toro respiraba y se reponía. Le concedieron una oreja. A mí me hubiera dado igual que le dieran dos o ninguna. Para el arte grande cualquier premio es mezquino.

La otra faena grande la realizó Paco Ureña a un toro fuerte, correoso, más fanfarrón que bravo, que no quería embestir y embistió gracias a la verdad que el torero puso en los cites, a lo cerca que se lo pasó y al mando que lo obligó. La faena fue el triunfo de la pureza y el valor frente a la violencia y astucia del toro. Como descabelló dos veces –descabello, suerte no torera, ejecución de matarife que, sin embargo, hoy se valora mucho- perdió el trofeo. Dio una vuelta al ruedo clamorosa.

El resto del ganado fue infumable y los dos toros de Diego Urdiales, absolutamente intoreables.

El público no me gustó, se rindió a la evidencia del toreo y no vio las malas condiciones de los mansos. Es un público a cara o cruz, no matiza porque no ve más que lo deslumbrante.

Comments are closed