GRANDES FAENAS DE PERERA Y ROCA REY

San Isidro, 16ª corrida. La corrida de Victoriano del Rio era enorme, pesó en total 3.672 kilos y promedió 612 kilos por ejemplar. Además estaba bien armada. Obviamente, el tendido 7 y sus fiales no la protestaron. Buena estrategia ganadera para que Las Ventas no hostigara en exceso a las figuras. Para mejor, los toros se movieron mucho y ninguno perdió las manos. Era lógico, no se emplearon por abajo en los dos primeros tercios: abantos primero, apretando en varas después aunque casi nunca humillando, se defendían en la pelea y provocaban emoción. Como, por otra parte, hubo cuatro (2º, 3º, 4º y 5º) que, amagando la huída, embistieron a la muleta, al aficionado se le planteó el enigma del manso que embiste. A los toreros, no: al manso que embiste se le torea. Para el buen aficionado eran mansurrones o bravucones, nominaciones ambas que designan al manso de raza brava. En este caso, de una ganadería muy brava.

Hubo dos faenas importantes, la de Miguel Ángel Perera, dando distancia al toro en el centro del ruedo, toreándolo con temple, largura y mando para que no huyera en los remates de tandas muy buenas, y, al final, arrebujandose con el toro en tablas cuando ya se había rajado. Fue un trasteo de gran lidiador, de elegante empaque enfrentado a una bravura indecisa. La otra gran faena corrió a cargo de Roca Rey, que dejó al manso 3º huir a su querencia de toriles y allí le impuso una faena de valor, gallardía y de toreo muy largo, muy hondo. Asombroso: cómo llena la escena el valor auténtico y la majestad juvenil de este torero. Ambos cortaron una oreja. Este año, en Madrid se premian con un trofeo las faenas de dos.

Los trasteos de López Simón tuvieron momentos muy álgidos. Por redondos en su primero y toreando con la derecha de rodillas, en el centro del ruedo, a su segundo. Pero ambas faenas decayeron cuando los toros mermaban su empuje. En esta tesitura, al joven madrileño se le nublaban la ideas. Se puede concluir que, a pesar de pasajes muy felices, fracasó.

Hay que subrayar un buen quite de Perera al cuarto, por chicuelina, altanera, caleserina, gaonera y revolera. Y también un magistral y valeroso tercio de varas a cargo de Tito Sandoval.

La gente salió radiante del coso. Es de suponer que los del 7, todo lo contrario.

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