LA ESCUCHA

El novillero ha de saber escuchar, ser aconsejado, aceptar la crítica, pero también imponerse. Como aficionado y con el privilegio de poder oír lo que se trama en el callejón, me resultó apasionante la relación entre el novillero Andy Younes y su mentor Curro Caro ese día en Captieux. Sobre todo en la lidia en la lidia del sexto, el del triunfo del espada francés. El mejor novillo de la tarde, el único del hierro de Jalabert que embistió con clase y profundidad.

Sin embargo su ritmo cambió tras la suerte de varas y podría haberse descompuesto en la muleta de no tratarlo con mucho mimo. De alguna manera, Curro Caro le “dictó” la faena a Andy, el no apretar al novillo, dejarle ir a su aire, sin imponerle la ligazón y a una distancia adecuada. Consejos precisos, en el momento oportuno y siempre atinados. Pero lo que resultó aún mas interesante fue la actitud de Andy Younes. Los siguió a la letra pero imponiéndoles su propio sello, dejándose llevar por su gusto torero. Y hubo muy buenos muletazos con esa fragilidad y el mismo tiempo esa pureza que caracterizan al que está aprendiendo el oficio con una total entrega. Para mas inri mató de una soberbia estocada y se llevó las dos orejas. Otra cortó en el primero, en el que estuvo bullicioso pero mas tenso.

Pablo Aguado no tuvo un lote que le permitiera lucirse. Su primero resultó noble pero muy blando y sin transmisión. Lo toreó con solvencia y temple pero aquello no llegó a las gradas. En el siguiente se precipitó: pidió el cambio a la presidencia tras la pelea en varas de la que el novillo salió inválido. A la postre, tan solo pudo ejercer de enfermero con la muleta.

Gustaron las maneras, el corte de Diego Carretero. Estuvo en novillero, con detalles, pero antepuso querer imponer su sentimiento a la lidia y eso se notó, sobre todo en la muleta. Aún así podría haber cortado una oreja si no hubiera tardado en doblar uno de sus novillos.

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