MAL CARTEL, MALA CORRIDA

San Isidro, 20ª corrida. Los toros de Dolores Aguirre, desiguales de trapío y encornadura dieron también un juego desigual. Asesinos los dos que correspondieron a Rafaelillo, difícil el primero de Alberto Lamelas, y más o menos nobles, pero sin fuerza ni clase, el segundo de éste y el lote de Gómez del Pilar.

Poco placeados los tres matadores, la corrida ofreció un resultado previsible: aburrimiento a raudales. Mala cosa, porque entonces el público rivaliza en protagonismo con el ruedo y hace tonterías. Por ejemplo, exige que se coloquen los toros a mucha distancia del caballo cuando se han mostrado abantos y mansos de salida; se recrimina a los picadores porque no atinan arriba a toros que vienen cruzados  o que rebrincan en el encuentro o se quieren quitar el palo o se escupen de la suerte con una mansedumbre descompuesta, eléctrica. Surge, entonces, el grito del 7: “Picador, ¡qué malo eres!”. Pero el picador no es malo, ni tampoco su montura. Otra estupidez es pitar al picador porque atraviesa la primera raya de picar en busca de un toro tardo por su evidente mansedumbre. La raya de picar fue exigida por los picadores a principios del siglo XX, cuando los aficionados les exigían salir al tercio a buscar a los mansos. Pero hoy es un pecado lo que antes era un alarde que no todos los jinetes querían hacer.

Para ser justos, en medio de tanta mediocridad torera y ambiental, hay destacar la actuación de Gómez del Pilar, que recibió a sus dos toros a porta gayola, e hizo un toreo de buen corte con capa y muleta. Merecería más y mejores oportunidades.

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